Caballos

Encuentra y ofrece caballos en Costa Rica.

Un caballo que pasó años llevando turistas por la playa de Tamarindo y otro que trabajó ganado en una finca cerca de Liberia pueden tener la misma edad y la misma raza y aun así necesitar hogares muy distintos. Los dos buscan dueño nuevo, igual que las yeguas mansas que monta un niño, los caballos de paso y los castrados de finca. A su lado está el equipo que acompaña a un caballo, nuevo y de segunda mano: monturas vaqueras, cabezadas y frenos, sudaderos, cajas de aseo y equipo de establo. Antes que nada, pregunte en qué ha trabajado el caballo.

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Caballos de cabalgata, de finca y de paso:

en qué ha trabajado un caballo dice más que su raza. Los caballos de las cabalgatas de turismo en Tamarindo, Jacó y La Fortuna se descansan y se rotan, y los mayores terminan saliendo de los recorridos. Casi todos son tranquilos y tienen paciencia con el jinete nervioso, pero muchos pasaron años caminando en fila detrás de otro y se resisten a salir solos. Un caballo de finca de las bajuras de Guanacaste conoce el ganado, los portones y las jornadas largas, y puede que nunca haya pisado un picadero. El costarricense de paso se cría y se adiestra para un andar enérgico y de mucha acción, un caballo para quien ya monta bien y no para estrenarse. Los ponis y las yeguas pequeñas y mansas cambian de casa cuando los niños que las montaban crecen.

Yegua, castrado o caballo entero, y dónde va a vivir:

para un primer caballo, lo sensato es un castrado o una yegua ya asentada. El entero es para alguien con experiencia, necesita su propio potrero lejos de las yeguas y puede convertir un pasto tranquilo en un pleito. Piense también en el cambio de vida. Un caballo criado suelto en potrero con otros puede estresarse en una caballeriza de pensión del Valle Central, y uno acostumbrado a cuadra y concentrado puede perder condición si lo sueltan en una finca solo con zacate. Pregunte qué come ahora y cambie la dieta despacio, a partir del alimento y el heno que ya conoce.

Monturas vaqueras, cabezadas y el fuste:

para trabajo de finca y para cabalgar por el campo se usa sobre todo la montura vaquera de cuerno, con jáquima o con cabezada y freno; las monturas inglesas aparecen más que todo en escuelas de equitación y en salto. En una montura usada, lo que importa es el fuste. Agárrela del cuerno y de la parte de atrás del asiento e intente doblarla: si cede, cruje o suena, el fuste está quebrado y va a lastimar al caballo por bonito que esté el cuero. Revise por debajo que el forro no tenga partes aplastadas o peladas, mire las costuras de las correas de la cincha y de los estribos, y huela el cuero por si agarró moho guardado en una bodega. Pruebe la montura en el caballo que la va a usar antes de cerrar el trato.

Un caballo agarrado, montado y trotado en suelo duro:

vaya a verlo donde vive y pídale al dueño que lo agarre en el potrero, lo ensille y lo monte antes de subirse usted. Cómo se deja agarrar, amarrar y levantar cada pata dice cómo lo han manejado. Pida que lo troten de cabestro en línea recta sobre suelo duro: el caballo que cabecea cuando apoya una pata está resentido de esa pata. Busque rajaduras hondas en los cascos y pregunte cuándo lo recortaron o lo herraron por última vez. Los pelos blancos en la cruz o bajo la montura son mataduras viejas de una montura mal ajustada. Pida también verlo subir a un remolque de caballos, porque el caballo que no se deja cargar se vuelve problema suyo el día que lo recoge. Vale la pena una revisión del veterinario antes de la entrega.

Un caballo que cambia de dueño y lo que el siguiente necesita saber:

cuente en qué ha trabajado y quién lo ha montado: niños, principiantes o solo jinetes con experiencia. Indique edad, alzada, sexo y si anda herrado o descalzo, y sea franco con las mañas, como que cueste agarrarlo, que se asuste con las motos o que no quiera cruzar un río. Un video corto del caballo ensillado y montado al paso y al trote dice más que cualquier foto. Diga qué aperos van con él, porque una montura que ya le queda le ahorra al nuevo dueño una búsqueda larga. Una buena entrega es una prueba montada en su finca, una respuesta honesta sobre cualquier cojera, y que el cabestro, el alimento que conoce y el nombre de su herrador se vayan junto con el caballo.