Moda Femenina
Compra y vende moda femenina en Costa Rica.
Un vestido usado que le queda bien en todo menos en el largo es mejor compra de lo que parece, porque subir un ruedo es de los trabajos más baratos que hace una costurera. Ropa y zapatos, bolsos y joyas de mujer pasan aquí de una dueña a otra, nuevos con etiqueta o con uso. Lo que tiene que calzar con el cuerpo o con el pie pide revisar hombros, busto y largo interior; un bolso o una joya se juzgan con buenas fotos. Saber qué defectos arreglan una costurera, un zapatero o un joyero, y cuáles no, separa una ganga de una prenda que nunca sale del clóset.
Moda femenina según lo que tiene que calzar:
la ropa y la ropa deportiva tienen que quedarle al cuerpo, los zapatos al pie, y los bolsos y accesorios a nada, y eso cambia cómo se compra cada cosa. La ropa para mujer, de las blusas a los vestidos, es donde una prenda que casi queda todavía se salva con aguja e hilo. La ropa deportiva para mujer va pegada al cuerpo, en tela elástica que cuesta más arreglar bien, así que conviene comprarla en la talla justa. Los zapatos de mujer le quedan o no le quedan. Los bolsos para mujer y los accesorios para mujer se pueden comprar por foto, y ahí pesan más el estado y la autenticidad que la talla.
Pantalones, faldas y vestidos que una costurera puede salvar:
compre por lo que no se puede cambiar y deje que lo demás se arregle. Los hombros, el busto y el tiro de un pantalón casi no se mueven, así que son ellos los que deciden si la prenda vale la pena. El largo y la cintura son lo fácil. Subir un ruedo o entallar una cintura es trabajo de todos los días, y un ruedo sencillo de pantalón sale en unos pocos miles de colones. Hacer lo contrario depende de lo que haya escondido por dentro: una falda solo se puede bajar lo que dé la tela doblada en el ruedo, y una cintura solo se suelta lo que permita el margen de costura, que en las prendas baratas casi no existe. Un vestido con forro, un borde de encaje o cualquier cosa con pedrería cuesta varias veces un ruedo simple, y en un vestido barato el arreglo puede salir más caro que el vestido.
Tapas de tacón, anillos y correas de bolso:
la misma regla sirve para el resto del clóset. Un zapatero cambia las tapas gastadas por poca plata y puede estirar un zapato un poquito a lo ancho, pero nadie lo hace más largo: un par que queda medio número pequeño se queda así. Un anillo liso de oro o de plata de la sección de joyería para mujer se puede agrandar o achicar donde un joyero; un anillo con piedras alrededor de toda la argolla, no. En un bolso se cambian la correa, la cadena o el broche, mientras que un forro roto o un zíper cosido al cuerpo del bolso es un trabajo mayor de lo que vale la mayoría de los bolsos.
Un ruedo bajado y otras señales de un arreglo anterior:
una prenda que ya fue arreglada no coincide con su etiqueta. Un ruedo que se bajó deja una línea más clara o un quiebre donde estaba el doblez viejo, y casi nunca se quita con la plancha. Un jean recortado suele tener en el ruedo una puntada distinta a la de fábrica. Un pantalón entallado por la costura de atrás se frunce arriba, donde termina el arreglo. Dele vuelta al vestido y revise las costuras: si el margen está recortado casi a ras de la puntada, ya lo entallaron y no hay de dónde soltar. Nada de eso descarta la prenda, pero quiere decir que importan las medidas y no la talla de la etiqueta.
Largo del ruedo, altura del tacón y las fotos que pide quien compra:
cuente lo que se le ha hecho a la prenda, porque la compradora lo va a ver apenas la voltee. Si un pantalón o un vestido largo se subió, diga para qué zapatos: uno con ruedo para tacón arrastra con zapato bajo, y uno hecho para zapato bajo se ve corto con tacones. Indique la estatura de la persona para quien se arregló. Mida la cintura y el largo con la prenda extendida en vez de confiar en la etiqueta, fotografíe con luz natural el ruedo por dentro y las costuras, y muestre por detrás las tapas de los zapatos. Quien venga desde San Ramón o Limón a medirse un vestido va a querer saber del largo y de los arreglos antes de montarse en el bus, y que la respuesta ya esté en el anuncio es lo que hace que el viaje valga la pena.