Muebles
Compra y vende muebles en Costa Rica.
Pregúntele a cualquiera en Costa Rica que haya comprado un ropero de madera usado qué fue lo primero que revisó, y casi siempre contesta lo mismo: las gavetas, por si había comején. Aquí hay muebles nuevos y de segunda mano para toda la casa, desde el juego de sala y el comedor hasta camarotes y el mueble para TV. Carpinteros y mueblerías publican piezas nuevas, muchas hechas a la medida, y las familias ofrecen lo que ya no cabe después de una mudanza o una remodelación. Antes de ir a verlo, pida las medidas, el material y en qué piso está.
El juego de sala y el resto de la casa que sale con él:
cuando una familia vende la sala, muchas veces el comedor y un cuarto se van el mismo mes. Los sofás y los sillones comparten sofás y sillas con las sillas de comedor y de oficina, y son los muebles en los que el comprador tiene que sentarse antes de pagar. Las mesas de comedor, las de centro y los escritorios están en mesas. En camas están los camarotes que aparecen cuando los chiquitos dejan de compartir cuarto, y los roperos y las alacenas de cocina van en armarios.
Laurel, cedro y melamina después de una mudanza:
el material decide cómo aguanta un mueble que lo saquen de una casa y lo metan en otra. La madera sólida, como el laurel o el cedro amargo, se desarma y se vuelve a armar muchas veces, y un sobre rayado se lija y se barniza de nuevo. Los muebles de armar en aglomerado con melamina salen más baratos, pero los huecos de los tornillos y los herrajes se aflojan cada vez que se desarman, y cuando la lámina se moja, se hincha y ya no tiene arreglo. El precio de reventa va por el mismo camino. Una pieza de madera bien hecha conserva su valor porque se puede restaurar, mientras que un mueble de armar pierde casi todo lo que valía la primera vez que se arma: quien lo compra paga, en el fondo, por ahorrarse la tarde con la llave Allen. Mida antes de enamorarse. El ancho y el fondo dicen si cabe en el cuarto; la altura y la diagonal, si pasa por la puerta, por la vuelta de la escalera o por el ascensor de una torre de apartamentos.
Bolitas de comején, polvillo de polilla y un armazón que cruje:
el comején es la razón para mirar debajo de cualquier mueble de madera antes de meterlo a la casa. El de madera seca vive dentro de la pieza y saca unas bolitas duras, del mismo color de la madera, que se juntan en montoncitos debajo del mueble o dentro de las gavetas; parecen arena gruesa o borra de café, no aserrín. Si la madera suena hueca al golpearla, está comida por dentro. La polilla deja otra cosa: huequitos redondos de salida y un polvo fino como harina. Si encuentra bolitas frescas, déjelo ahí, porque una mesa con comején puede pasarlo a los marcos de las puertas y a las vigas del techo de la casa adonde llega. En los tapizados, siéntese en cada puesto, apriete los brazos y escuche el armazón. La espuma que se queda hundida, el olor a humedad y las manchas debajo de las fundas son lo que baja el precio. En la melamina, revise los bordes de abajo por si se hincharon al trapear, y pregunte si el mueble ya se desarmó antes.
Un sofá que hay que bajar desde un cuarto piso:
dígalo en el anuncio, porque de eso depende que el comprador venga o no. Ponga ancho, fondo y alto, el material y si el mueble se desarma. Fotografíe el respaldo y la parte de abajo, no solo el frente: quien ya ha tenido comején va a preguntar, y una foto limpia le contesta antes de que haga el viaje. Aclare si hay ascensor y si puede ayudar a cargar. Quien venga de Coronado o de Escazú necesita saber si trae pickup y un ayudante, y si vive en un condominio con guarda, mande su nombre y su placa a la caseta antes de que salga. Y si el sofá subió por el balcón con mecates, avíselo, porque va a bajar por el mismo camino.