Mascotas
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Cuando una familia de Heredia se pasa a un apartamento, casi nunca entrega solo el animal. Con él van la pecera y su filtro, la jaula donde vivían dos cuilos, la transportadora y el saco de comida a medio usar. Aquí aparecen los dos lados de esa entrega: accesorios nuevos y usados para cualquier animal, de un perro a un gecko, y animales que buscan un hogar nuevo, que se dan en adopción y no se venden. Los animales perdidos y encontrados tienen su propio espacio, con avisos escritos a la tica, por señas. Antes de verse, pregunta la edad y las costumbres del animal, o qué trae la jaula.
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Un perro, un par de cuilos o una pecera con guppys, y dónde vive cada uno:
el animal dice dónde buscar. Los perros y los gatos tienen las ramas más grandes, porque son los animales que más a menudo buscan un hogar nuevo: rescates y familias los dan en adopción en adopta un perro y adopta un gato, junto a las camas, correas y areneros de las secciones de artículos. En pájaros, peces, roedores y conejos y reptiles y anfibios, los anuncios giran sobre todo alrededor de dónde vive el animal, porque a un canario, un betta o un gecko le va tan bien como a su jaula, su pecera o su terrario. De vez en cuando aparece también un animal, cuando su dueño ya no lo puede tener.
Años, espacio y ruido antes de llevarse un loro o un conejo:
con esas tres cosas se decide casi todo. Un hámster vive dos o tres años; un loro grande puede vivir más que quien lo recibe, y una lora gritando al amanecer se oye en todo el edificio. Los conejos necesitan salir de la jaula todos los días, y los cuilos viven mejor en pareja que solos. Los reptiles dependen de sus lámparas, así que el equipo importa tanto como el animal. Los peces piden paciencia: una pecera nueva tiene que funcionar unas semanas antes de meter los primeros. Consigue primero el equipo y escógelo para el tamaño del animal adulto, no del pequeño que tienes enfrente. Por los barrotes de una jaula de conejo, un hámster sale caminando.
Peceras, jaulas y terrarios de segunda mano:
el riesgo está en pocos lugares. En una pecera, pasa el dedo por cada junta de silicón; si está despegado, tiene burbujas o hay una línea blanca de sarro a lo largo de la unión, ya tuvo fugas, igual que si el mueble de abajo está hinchado o manchado. Verla llena y funcionando vale más que cualquier promesa, así que pídele al vendedor que la llene el día anterior. En las jaulas, busca herrumbre en los barrotes y las soldaduras, pintura descascarada que un loro o un conejo va a morder, una bandeja plástica rajada y una puerta que un pájaro listo pueda levantar. Conecta cada calentador y cada lámpara, porque un calentador quemado no avisa hasta que el agua se enfría. Las peceras usadas salen bastante más baratas que nuevas por algo: pesan, se rajan en el carro y quien compra se queda con el riesgo de la fuga. La que viste llena de agua es la excepción, y se cobra como tal.
Un perro perdido después de la pólvora y un aviso con señas:
las noches de pólvora de Navidad y Año Nuevo son cuando más perros se escapan, así que una placa con un número de teléfono en el collar sirve más que cualquier foto. Un buen aviso en animales perdidos y encontrados dice a qué nombre responde, la fecha y dónde se vio por última vez, con señas como las damos aquí: cien metros al sur de la plaza de Santa Bárbara. Si encuentras uno, pide en una clínica veterinaria que le busquen microchip, y guárdate una seña particular fuera del aviso para que el verdadero dueño la pueda describir.
Dar en adopción a un animal con su jaula y su rutina:
cuéntale al nuevo hogar todo lo que tú querrías saber: la edad, si está castrado, el carné de vacunas si es perro o gato, qué come y cómo se lleva con niños y con otros animales. Manda sus cosas con él y conoce a la familia antes de entregarlo. Si es solo el equipo, da las medidas, apunta exactamente lo que incluye, de la tapa al filtro, y fotografíalo armado. Quien venga desde Puriscal o Moravia a recoger una pecera debe traer baldes y toallas: viaja vacía, y la esponja del filtro va aparte en agua de la misma pecera para que no se mueran las bacterias que viven en ella.