Batería De Cocina

Compra y vende batería de cocina en Costa Rica.

En muchas cocinas ticas la olla que más trabaja es la de presión, la que ablanda los frijoles negros de la semana, y el café de la mañana todavía se chorrea por una bolsita de tela colgada en un chorreador de madera. Las dos aparecen aquí nuevas y usadas, junto con sartenes, platos y vasos. Algunas de las mejores piezas de segunda mano salen de sodas que cierran o renuevan equipo: ollas de aluminio pesadas hechas para un almuerzo lleno, no para una familia de cuatro. Si usted cocina en una plantilla de inducción, pídale al vendedor que acerque un imán al fondo.

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Ollas, sartenes y la cocina donde van a trabajar:

la olla tiene que servirle primero a su cocina. El gas acepta cualquiera. Una vitrocerámica pide un fondo totalmente plano, y la inducción, o las plantillas que muchas casas ponen al lado de la cocina vieja, solo funciona con un fondo al que se le pegue un imán. Eso deja por fuera el aluminio, todavía el material de casi todas las ollas grandes entre las ollas y sartenes, salvo que traiga un disco de acero pegado abajo. Después, el material decide cómo envejece. El antiadherente es lo más cómodo para los huevos y el gallo pinto, pero el recubrimiento es todo lo que usted compra, y se gasta. El inoxidable con fondo grueso de varias capas reparte bien el calor y aguanta años de fregado. El hierro fundido, desde un sartén Lodge hasta un comal pesado, guarda el calor para las tortillas y dura más que su dueño si se mantiene seco. La olla de presión es otro asunto: compre una marca que todavía tenga empaques y válvulas de repuesto a la venta en el país.

Platos, vasos y una pieza de Guaitil en la mesa:

la vajilla de diario se escoge por juego, y los artículos para servir pieza por pieza. Fíjese si el diseño todavía se fabrica: un juego que se puede completar cuando algo se quiebra vale más que uno que no. La cerámica chorotega de Guaitil y San Vicente, bruñida en rojos, cremas y negros, se hace sobre todo para exhibir y para servir; si quiere cocinar en un comal de barro, pregunte si esa pieza se hizo para ir al fuego. Los vasos y las jarras están en vasos y bar, y los manteles y limpiones en paños de cocina y mantelerías.

Por qué un juego antiadherente rayado vale tan poco:

un juego antiadherente de cinco o seis piezas arranca en unos ₡50.000 nuevo, y en cuanto la superficie se raya o se pela, usado casi no vale nada, porque lo que usted pagó era el recubrimiento. El inoxidable grueso y el hierro fundido envejecen al revés: con el fondo sano y las agarraderas firmes cocinan igual que el primer día, y por eso son la mejor compra de segunda mano. Una olla de presión no eléctrica cuesta entre ₡20.000 y ₡60.000 nueva según el tamaño, y lo que vale una usada depende del empaque, de la válvula y de que la tapa todavía selle.

Empaques de olla de presión, fondos torcidos y bordes despicados:

en una olla de presión, saque el empaque de hule y dóblelo. Si está duro, rajado o aplastado hay que cambiarlo, y el escape y la válvula de seguridad tienen que estar libres. Revise que el borde no tenga golpes que impidan sellar y que la tapa trabe bien. Ponga cualquier sartén sobre una superficie plana y presione la orilla: si el fondo cojea, va a girar en la vitrocerámica y casi no va a calentar en inducción. En platos y vasos, pase el dedo por cada borde y mire el esmalte contra la luz: las grietitas finas dejan entrar manchas y agua. Cuente el juego antes de cerrar el precio. Un chorreador usado es buena compra, pero cuente con una bolsita nueva: cuesta poco y no debería traer el café viejo de otra casa. Los recipientes de almacenamiento de cocina solo valen la pena con sus tapas.

Ollas fotografiadas por debajo y platos contados:

dele vuelta a cada olla para una foto. El fondo muestra la marca, el material, si está torcida y si trae placa de acero para inducción; si puede, salga en la foto con un imán pegado. Diga en qué cocina se usó. En los juegos, ponga el número exacto de piezas y fotografíe cada despique o raya en vez de describirlo. Si las ollas vienen de una soda o de una casa de alquiler vacacional, dígalo; el comprador espera aluminio comercial golpeado y paga por el tamaño, no por la pinta. Téngalo en su caja o envuelto para recoger: quien maneja desde Heredia o Cartago por una vajilla para doce personas quiere subirla al carro, no ponerse a contar platos en su puerta.