Hobby

Compra y vende artículos de ocio en Costa Rica.

Cada setiembre desfilan las bandas de escuelas y colegios, y las liras y los redoblantes que tocan se compran, se dejan y pasan al siguiente estudiante casi como el uniforme. Así se mueve el equipo de los pasatiempos en Costa Rica: una máscara boruca tallada pasa de una colección a otra, y la caja de acrílicos que alguien compró para un curso de pintura se vende a medio usar cuando el curso termina. Hay piezas nuevas y de segunda mano, para la música, el coleccionismo y las manualidades. Antes de quedar en verse, pregunte qué incluye, desde el estuche hasta la caja original.

Una lira, una máscara boruca y una caja de acrílicos a medio usar:

tres pasatiempos que casi no se parecen, salvo en que su equipo pasa de un dueño a otro. Los instrumentos, desde la percusión de banda hasta guitarras, teclados y controladores de DJ, están en música e instrumentos. Coleccionables es para lo que se guarda en vez de tocarse o gastarse, y ahí una moneda o una carta comparte lugar con la artesanía propia del país. Las pinturas, los lienzos y la lana van en arte y manualidades, donde casi todo lo que se vende sobró de un proyecto o de un curso.

El equipo para empezar y el que todavía va a tener dentro de un año:

casi todo el equipo de un pasatiempo se compra en el primer entusiasmo, y mucho se vende a los pocos meses, casi sin uso. Esa es la mejor razón para empezar con algo usado. El estudiante que acaba de entrar a la banda, o el adulto que quiere probar con la pintura, pierde poco en una pieza de segunda mano y casi siempre puede revenderla por un precio cercano al que pagó. Gaste más solo en lo que decide si va a seguir: láminas de lira que suenen afinadas, un papel con gramaje suficiente para acuarela, pinceles que mantengan la punta. Los kits baratos que traen un poco de todo son donde más se recorta la calidad, y son los que peor se revenden.

Liras, redoblantes y los desfiles de setiembre:

las bandas de escuelas y colegios ensayan durante meses antes de desfilar el 14 y el 15 de setiembre, así que la demanda de percusión de banda sube a mitad de año. Una lira escolar de 25 o 27 láminas anda entre ₡60 000 y ₡75 000 nueva; un redoblante liviano de estudiante empieza alrededor de ₡25 000, mientras que uno de marcha de competencia cuesta varios cientos de miles de colones. Las láminas y el marco casi no se gastan, así que una lira usada y completa conserva bien su precio y se vende más rápido mientras hay ensayos. Pasados los desfiles, el mismo instrumento puede quedarse semanas sin comprador, y ahí es cuando hay margen para negociar.

Marcas de formón dentro de una máscara boruca, y otras señales de lo auténtico:

una máscara tradicional de Boruca se talla en una sola pieza de balsa o de cedro y se ahueca a mano, y solo los detalles pequeños, como el pico de un pájaro, van pegados; por eso conviene darle vuelta y ver el interior. Pregunte quién la talló y si se compró en el propio pueblo. En una carreta de Sarchí, los medallones de las ruedas se pintan a mano, y los golpes y la pintura desteñida en el aro son lo que baja el precio. Con los instrumentos, toque antes de pagar: cada lámina de la lira debe sonar limpia y estar firme en sus pines, y un redoblante debe afinar parejo en todos los tensores. Con las pinturas, apriete cada tubo. Un acrílico o un óleo que se endureció por dentro no vale nada, mientras que los sets sellados y los lienzos sin abrir conservan casi todo su valor.

El estuche, el arnés y la caja original en las fotos:

cada pieza que falte es otra vuelta para quien compra. Una lira sin su arnés y sus baquetas, o un redoblante sin su soporte, deja a un estudiante de banda buscando la pieza que falta, así que diga con exactitud qué incluye. En un coleccionable, fotografíe la base, la parte de atrás y cualquier firma o marca del taller, junto con la caja si la guardó. En un lote de manualidades, anote colores y cantidades y aclare qué sigue sellado. Quien viene desde Liberia o Pérez Zeledón por una máscara o un set completo de pinturas quiere saber antes de salir que no falta nada, y las familias que necesitan una lira para la banda empiezan a buscarla mucho antes de setiembre.