Jánuca
Compra y vende Jánuca en Costa Rica.
Casi todas las janukiás del país se encienden en La Sabana, Pavas, Rohrmoser y Escazú, donde vive la mayoría de las familias judías, y cada vez más en hogares nuevos de la costa pacífica. Aquí aparecen nuevas y usadas: menorás de velas en bronce o plata, lámparas de aceite con vasitos de vidrio, perinolas y juegos plegables para viajar. Una janukiá bien hecha dura más que su primer dueño, así que las usadas suelen ser la pieza de un abuelo o el juego de una familia que volvió a Estados Unidos o a Israel. Antes que nada, fíjese en que las luces queden en una sola fila recta y pareja.
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Janukiá de velas, janukiá de aceite y la eléctrica de la ventana:
la de velas es la más común, y en ella todo depende de los vasitos. Las velas de Jánuca son más delgadas que las de Shabat, y un vasito hecho para unas no sostiene derechas a las otras. La de aceite quema aceite de oliva en vasitos de vidrio con mechas flotantes: la llama es más suave y el mantenimiento mayor, porque los vidrios se astillan y los soportes de las mechas se pierden. Las eléctricas sirven para el mostrador de un negocio o una ventana a la calle, pero la mayoría de las familias no dice la bendición sobre una de ellas, así que acompañan a la janukiá encendida y no la reemplazan.
Ocho luces en fila y las menorás hechas para el estante:
para encender, los ocho brazos van en línea recta y a la misma altura, con el shamash, la luz que enciende a las demás, más alto o a un lado para que nunca se cuente con las otras. Muchas piezas bonitas rompen esa regla a propósito: luces en curva, a alturas escalonadas, o la menorá de siete brazos del Templo, que no es una janukiá. Son buenos regalos y buena decoración, pero quien compra su única janukiá debería verla de perfil antes de pagar. El bronce y el baño de plata son lo de todos los días, la plata de ley está arriba, y las de cerámica o vidrio se quiebran más fácil de lo que parece.
Una janukiá plegable de lata para diciembre en la playa:
Jánuca sigue el calendario hebreo y cae entre finales de noviembre y finales de diciembre, muchas veces justo cuando se acaba el curso lectivo y las familias salen para Guanacaste o el Caribe. Ahí se gana su lugar una janukiá de viaje plana, de lata, que va en la maleta con una caja de velas, unas perinolas y una bolsita de monedas de chocolate. Piense dónde ponerla: los vientos de verano que barren Guanacaste desde diciembre apagan las velas en una terraza abierta mucho antes de tiempo, así que conviene una ventana resguardada. Los hogares mixtos que ponen la janukiá al lado del portal encuentran las figuras y las luces en Navidad.
Una janukiá usada, del sello de la plata a la cera vieja:
la cera del año pasado no es un defecto. Sale del bronce con agua caliente y un trapo suave, y pocas janukiás llegan limpias a su segundo dueño. Lo que importa está debajo. En el baño de plata, frote los bordes y la orilla de los vasitos, donde años de pulido dejan ver el metal amarillo o rosado de abajo; la plata de ley lleva su sello, casi siempre debajo de la base. Muévala sobre una mesa: una janukiá que baila, o un brazo torcido, es un peligro cuando están todas las llamas encendidas. Los vasitos de rosca se aflojan y los soldados se rajan en la unión, así que pruebe cada uno. En un juego de aceite, cuente los vidrios y los soportes de mecha. La perinola dice de dónde viene: la hecha en Israel lleva la letra pe donde las demás llevan shin, y las dos son legítimas.
La menorá de plata de los abuelos o el juego de viaje de la casa de playa:
muchas piezas usadas salen de una casa que se está desocupando, o de familias estadounidenses e israelíes de la costa que empacan para irse, y la janukiá suele venir en la misma caja que la asadera de Thanksgiving. Fotografíe la janukiá de frente y de perfil, para que se vea que las luces quedan parejas, y después la base, el sello si lo tiene y cada vasito de cerca. Indique si es de velas o de aceite, y si los vasitos reciben velas de Jánuca normales. Publíquela unas semanas antes de la primera noche; cuando se apaga la última vela, quien compra espera al otro año. Quien venga desde Rohrmoser o Escazú a verla casi siempre trae un par de velas para probarlas en los vasitos, así que raspe la cera vieja antes de que llegue.