Año Nuevo

Compra y vende Año Nuevo en Costa Rica.

La mayoría de los ticos despide el año en la casa, con la familia alrededor de la pierna, la cuenta regresiva en la tele y varios agüizotes que cumplir antes y después de la medianoche: las doce uvas, la vuelta a la cuadra con la maleta vacía, la ramita de Santa Lucía en la billetera. Las compras son menos que en Navidad: kits de gorros y cornetas, diademas luminosas, números metalizados dorados, cortinas de flecos para la pared de la sala y copas para el brindis. Hay piezas nuevas y usadas, y buena parte de la decoración no lleva el año impreso, así que vuelve a salir el próximo diciembre.

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Gorros, cornetas y diademas luminosas en un kit de fin de año:

casi toda fiesta arranca con uno. El kit trae para cada invitado un gorro de cartulina o un antifaz, un collar y una corneta. Los kits luminosos cambian la cartulina por diademas de fibra óptica y anteojos con luz que funcionan con baterías de botón, y son lo único del kit que dura más de una noche. Los gorros se aplastan en la gaveta y las cornetas de papel se aguadan, así que se compran para este año y se botan.

Números metalizados, cortinas de flecos y el año impreso:

todo lo que lleva el año, un banner, anteojos de fantasía, el adorno del queque, queda viejo un minuto después de la medianoche. Lo que vale la pena pagar no tiene fecha: un banner de «Feliz Año Nuevo», una guirnalda de globos negros y dorados, una cortina de flecos detrás de la mesa, que sirven otra vez para un cumpleaños o una graduación. Los números metalizados quedan en medio, porque de un diciembre al siguiente solo cambia el último dígito: se guardan los demás y se compra uno nuevo. Casi todos tienen válvula autosellante, se inflan con aire usando una pajilla y se pegan en la pared, donde aguantan más que el helio, que amanece en el suelo.

Calzones amarillos, la maleta y los demás agüizotes:

casi ninguno necesita algo que se pueda publicar. Las uvas salen de la feria, la maleta es la de uno y la Santa Lucía va directo a la billetera. Mucha gente se pone una prenda de un color la noche del 31, amarillo para la suerte, rojo para el amor, verde para la plata, y la ropa interior del primero de enero es lo único aquí que solo tiene sentido nuevo y en su empaque. Los vestidos de lentejuelas son lo contrario: casi todos se usan una sola noche y pasan sin problema a otra dueña. Lo rojo del agüizote suele salir otra vez en San Valentín, y las luces que se quedan puestas todo diciembre van en Navidad.

Un kit para diez contra uno para cincuenta:

un kit de gorros, collares y cornetas para diez invitados anda por los ₡20.000 nuevo, y la versión luminosa para los mismos diez cuesta un poco más del doble. El paquete para cincuenta ronda los ₡60.000, así que el costo por invitado baja a la mitad cuando la lista pasa de un par de docenas. Usado, el cartón y el papel no valen casi nada. Lo que mantiene precio es lo que todavía enciende, una cortina que sigue en su tira y cualquier paquete sin abrir, que busca quien dejó las compras para la última semana.

Baterías, válvulas y bordes en los chunches de fiesta usados:

encienda cada pieza luminosa antes de pagar. Las baterías de botón que se quedaron en una diadema desde el diciembre pasado se riegan y sulfatan los contactos, y un rótulo que prende solo en parte de sus letras tiene una tira quebrada por dentro. Un número metalizado debe seguir inflado un día después de llenarlo; una arruga en la cara es estética, un huequito en la costura no. Las cortinas de flecos cuelgan de una cinta que casi nunca pega dos veces. Pase el dedo por el borde de cada copa buscando despicados y revise la franja dorada, que la lavaplatos se come en pocas lavadas. En un vestido de lentejuelas, mire debajo de los brazos y el ruedo, que es donde se caen primero.

El rótulo luminoso que se fotografía encendido:

tome las piezas LED prendidas en un cuarto oscuro, los números inflados para que se vea el material y los kits con todo a la vista y contado. Diga qué está sin abrir, y dígalo claro cuando nada lleva el año. Publique desde inicios de diciembre; pasado el primero de enero, la caja espera a la otra temporada, salvo que no tenga fecha. Casi todos compran a última hora, así que meta cada kit en una sola bolsa con la cantidad escrita: quien viene desde Alajuela o Cartago la tarde del 31 no tiene tiempo de regresar por las cornetas que faltaban.