Lavavajillas

Compra y vende lavavajillas en Costa Rica.

Casi todos los lavaplatos que se venden en Costa Rica son de 24 pulgadas, hechos para ir debajo del sobre junto al fregadero, aunque uno angosto de 18 pulgadas o uno de sobremesa que se llena desde la llave le sirve a un apartamento o a una casa alquilada sin espacio en el mueble. Aquí aparecen nuevos y usados, desde modelos de entrada de Midea o Whirlpool hasta Bosch, Teka y Smeg. Antes que la marca, resuelva el tema del agua: muchas cocinas ticas solo tienen agua fría, y en las costas el agua dura le deja marca a una máquina en pocos años.

El lavaplatos de 24 pulgadas y sus primos más pequeños:

el empotrable de tamaño completo, de 24 pulgadas o 60 cm de ancho, es el que se prevé en casi toda remodelación de cocina y le cabe la loza de un día en familia. Uno angosto de 18 pulgadas cabe en un hueco más estrecho y pierde cerca de un tercio de capacidad. El de sobremesa no necesita mueble: va al lado del fregadero, se llena con una manguera desde la llave o a mano y desagua en el mismo fregadero, por eso es el que un inquilino se puede llevar cuando termina el contrato. El totalmente integrado se esconde tras un panel del mueble que hay que readaptar al cambiar de cocina. En una remodelación, el lavaplatos se planea junto con una cocina nueva de cocinas y estufas y una campana de extractores de grasa.

Una cocina con solo agua fría y el calentador propio del lavaplatos:

muchas cocinas ticas no tienen tubería de agua caliente, y eso no descarta un lavaplatos, porque toda máquina calienta su propia agua. Los modelos pensados para cocinas europeas esperan agua fría; los hechos para Estados Unidos están pensados para agua caliente y con fría pueden alargar el ciclo. Revise también la placa en el borde de la puerta: los estadounidenses trabajan a 120 V, pero algunos europeos de 60 cm piden una toma de 220 cerca del fregadero.

Agua dura en la costa y el depósito de sal:

el agua de buena parte de Guanacaste, Puntarenas y Limón es dura, y dentro de un lavaplatos se nota en una película blanca en los vasos, sarro en los huecos de los brazos rociadores y en la resistencia. Algunas máquinas traen un ablandador integrado que se recarga con sal para lavavajillas por una tapa debajo de la canasta inferior. En una casa de Tamarindo o de Puerto Viejo vale la pena pagar por eso; en casi todo el Valle Central importa mucho menos.

Lo que compran ₡200.000 en un lavaplatos y lo que suman ₡600.000:

un empotrable sencillo de 24 pulgadas de una marca como Midea arranca en unos ₡200.000 nuevo, y Bosch, Teka o Smeg pasan de ₡600.000. La diferencia paga menos ruido, tina de acero inoxidable y protección contra fugas, más que platos más limpios. Con lo nuevo tan barato, uno de entrada usado tiene que estar casi regalado, y un europeo bien cuidado es la compra usada que vale buscar, siempre que no haya pasado años con agua dura y el depósito de sal vacío.

Filtro, brazos rociadores y canasta inferior de un lavaplatos usado:

pida verlo funcionar, en lo posible todavía instalado. Abra la puerta a la mitad y suéltela: debe quedarse quieta o cerrar despacio, y si cae de golpe tiene un resorte o un cable quebrado. Saque el filtro del fondo de la tina; un olor agrio o una capa de grasa dicen que nunca se limpió. Gire los dos brazos rociadores con la mano y mire dentro de los huecos. En la canasta de abajo, revise las varillas y las rodajas. Cuando el plástico que las cubre se descascara, el alambre se oxida y deja manchas anaranjadas en los platos. Al terminar el ciclo la tina debe quedar vacía; si queda agua, el filtro está tapado o la bomba de desagüe está cansada. Si la máquina viene de una casa de playa, una costra blanca gruesa en la resistencia o en el empaque de la puerta es motivo para negociar duro o irse.

Desconectar el lavaplatos del mueble para venderlo:

un empotrable va atornillado al sobre y conectado a la llave de paso, al desagüe y a la corriente, así que diga si sigue instalado, si las mangueras van incluidas y, en uno totalmente integrado, si también va el panel de la puerta. Tome fotos de la tina sin las canastas, del filtro y de la placa. Indique el ancho y diga si el agua de su casa es dura y si mantuvo la sal al día, porque quien viene de la costa lo va a preguntar. Quien viene desde San Ramón querrá verlo terminar un enjuague: si puede, déjelo conectado hasta cerrar el trato.