Fragancias
Compra y vende fragancias en Costa Rica.
En Costa Rica mucha gente conoce un perfume por un decant: unos cuantos mililitros del original pasados a un atomizador de vidrio, para usarlo una semana antes de decidirse por la botella. Esa costumbre marca lo que cambia de dueño. Junto a eau de parfum y eau de toilette sellados para dama y caballero aparecen decants y atomizadores de viaje, frascos con unas pocas aplicaciones menos y sets de regalo que nadie abrió. Hay nuevo y de segunda mano, y en perfume lo usado se resume en dos preguntas: cuánto queda en el frasco y cómo se guardó.
La concentración del frasco, del body splash al extrait:
la etiqueta dice cuánta esencia lleva el alcohol, y de eso depende cuánto dura en la piel. El body splash o body mist es lo más ligero; muchas veces viene en set con un gel de baño y ducha del mismo aroma. La colonia se va en un par de horas, el eau de toilette aguanta la mañana, el eau de parfum llega hasta la noche, y el parfum o extrait es más denso todavía. Un mismo aroma puede salir en varias de estas versiones y no huelen igual, así que fíjese cuál es la del anuncio. La familia olfativa pesa más que la etiqueta de dama o caballero. Los cítricos y acuáticos son discretos, buenos para la oficina; el ámbar, la vainilla y el oud, que los perfumes árabes pusieron de moda, son más pesados y se sienten desde lejos. Pruébelo con una sola atomización en la muñeca y no en la tirilla de papel, y espere, porque lo que de verdad está comprando es cómo huele una hora después.
Decants para llevar un perfume puesto antes de comprar la botella:
un decant es una porción de un perfume original pasada del frasco completo a un atomizador pequeño de vidrio. Permite convivir con la fragancia varios días, y así es como mucha gente prueba perfumes de nicho que nunca compraría a ciegas. Uno bueno viene en vidrio y no en plástico, con etiqueta que diga el nombre y la concentración, y quien lo vende debería poder enseñar el frasco del que salió, con su código de lote.
Perfumes árabes frente a un frasco de diseñador:
es la diferencia de precio que más decide. Un eau de parfum de 100 ml de una de las casas perfumeras del Golfo anda entre ₡18.000 y ₡25.000 nuevo, mientras que uno de diseñador del mismo tamaño va de unos ₡60.000 a ₡95.000. Usado, el precio lo ponen el líquido que queda y si vienen la caja y la tapa: un frasco de diseñador en su caja con pocas aplicaciones conserva mucho más que uno por la mitad, y un tester vale menos que uno de caja comercial porque nunca se pensó para regalo.
Lo que el código de lote bajo el frasco prueba y lo que no:
los frascos originales llevan un código corto impreso o grabado en la base, y el mismo código en el fondo de la caja. Si no coinciden, o la caja no trae, mejor déjelo. Que coincidan tampoco basta, porque los frascos vacíos de aromas populares se rellenan, así que revise también que el collar bajo el atomizador esté prensado parejo, sin goma ni rayones, y que el celofán vaya pegado a la caja con dobleces limpios. El tester, en caja blanca o café y muchas veces sin tapa, es un frasco original hecho para el mostrador y no una imitación, pero el anuncio tiene que decirlo. Después, huela el líquido. La luz y el calor descomponen el perfume empezando por arriba: un cítrico brillante se vuelve plano o agrio, y el líquido se oscurece o se enturbia. El ámbar y las maderas aguantan años; los cítricos frescos se pierden primero. Un frasco que vivió en un tocador al sol o dentro del carro vale menos que uno guardado en su caja, tenga lo que tenga adentro.
Un frasco a medias, fotografiado contra la luz:
el nivel es lo que quien compra quiere ver, así que tome la foto de lado frente a una ventana y diga más o menos cuánto queda. Muestre los dos códigos, en la base y en la caja, y cuente cómo lo guardó y cómo llegó a sus manos: un regalo, una compra de viaje o una botella que usó dos veces. Si el atomizador escupe o el cuello ha goteado, dígalo. Los sets se venden mejor completos, con la crema del mismo aroma de cremas y lociones corporales todavía en la caja. Busque un punto de encuentro donde se pueda esperar un rato: alguien en Cartago se va a echar una atomización en la muñeca, irá por un café y decidirá por cómo huele media hora después.