Cuidado Del Cabello

Compra y vende productos para el cuidado del cabello en Costa Rica.

Aquí al pelo rizado se le dice colocho, y buena parte de lo que cambia de dueño es una rutina para colochos que alguien empezó y dejó a medias: crema para peinar, gel y leave-in comprados en combo, dos casi sin tocar. A su lado aparecen champús y mascarillas de salón en botellas grandes con dispensador, kits de keratina para alisado, matizador morado y tintes de caja de un tono que no quedó como se esperaba. Se publica nuevo y usado, y en algo que va al cuero cabelludo, usado debería querer decir sellado o apenas abierto, con el código de lote en el envase.

Cremas para peinar y geles para colochos:

una rutina para pelo rizado se arma por capas, y un producto no reemplaza a otro. El leave-in va primero y se queda puesto, la crema para peinar define suave y el gel es el que más fija. Las ondas sueltas se aplastan con una crema pesada, mientras que unos colochos cerrados aguantan una espesa y aun así se ven resecos, así que importa más para qué rizo se hizo el producto que el aroma. Muchas líneas para rizos vienen sin sulfatos ni siliconas pesadas; si el anuncio no lo dice, la etiqueta sí. El pelo liso pide menos: champú y acondicionador según sea graso, seco o teñido. El matizador morado es para pelo rubio o canoso, y la cera y la pomada para hombre van al lado. El protector térmico entra aquí, pero la plancha con que se usa está en herramientas de peinado, y el aceite de coco o de argán que se compra para el cuerpo va en cuidado de la piel.

El litro de salón frente al champú del súper:

las líneas profesionales vienen en botellas grandes con dispensador, pensadas para el lavacabezas y muchas veces marcadas para uso profesional, junto a los tamaños que el mismo salón vende en el mostrador. Un litro rinde en una casa donde se gasta; para una sola persona de pelo corto puede quedarse abierto muchísimo tiempo. Un champú de supermercado anda entre ₡5.000 y ₡7.000 el litro, mientras que una línea de salón pide unos ₡8.000 a ₡14.000 por una botella de la tercera parte de ese tamaño, y un kit de keratina en tamaño de salón arranca en unos ₡70.000. Esa diferencia decide qué vale la pena revender: un litro de salón sellado conserva buena parte de su valor con quien ya usa esa línea, un kit usado una vez todavía tiene casi todo el tratamiento, y una botella de súper abierta casi no justifica el anuncio.

Kits de keratina y tintes de caja, que solo sirven completos:

un kit de keratina para alisado, viene por pasos: un champú de limpieza profunda, el tratamiento y una mascarilla final. Un kit al que le falta un paso, o con el tratamiento pasado a una botella sin etiqueta, es una apuesta. Con el tinte de caja pasa igual: tubo de color, revelador y guantes, todo presente y sin abrir, porque el tinte mezclado no se guarda. El de salón se vende en tubos sueltos por número de tono, con el oxidante aparte, así que indique la línea y el tono exacto.

Un champú de salón con el código de lote raspado:

es la señal de alarma más clara del estante. Los envases originales traen un código de lote impreso, y cuando el producto profesional se sale del circuito de los salones muchas veces llega con ese código rayado, tapado con marcador o recortado. Las imitaciones se notan en un champú más aguado que el original, un olor raro, un dispensador que no calza y una impresión borrosa. Después revise el contenido. Una mascarilla o crema que se separó en una capa de aceite, se puso aguada, cambió de color o huele agrio ya se pasó. Lo sellado se vende casi como nuevo, una botella con unas lavadas menos vale una fracción, y una rellenada no vale nada.

Media rutina de colochos, o lo que le sobró a una estilista:

casi todo lo usado viene de alguien que volvió a alisarse y tiene crema y gel casi sin tocar, o de una estilista que cambió de marca y se quedó con litros cerrados. Fotografíe la etiqueta, el código de lote y el nivel del producto, y diga si cada envase está sellado o cuántas lavadas lleva, cuándo lo compró y para qué tipo de pelo era. Si es keratina, cada paso que trae la caja. Hasta la entrega, no lo deje en el carro estacionado. Quien venga desde Limón por un combo de colochos a medio usar va a querer saber cómo es su pelo, porque un gel que le sirvió a unas ondas sueltas puede quedarle pesado a un rizo cerrado.