Gatos

Encuentra y ofrece gatos en Costa Rica.

Un gato que cambia de casa en Costa Rica casi nunca se va solo: con él van el arenero, la bolsa de arena que ya conoce, la transportadora y una torre rascadora que hay que desarmar para que quepa en el carro. Aquí dueños y rescatistas dan gatos y gatitos en adopción, no los venden, y los areneros, rascadores, fuentes y camas que quedan se publican nuevos y de segunda mano. Lo que le sirve a un gato en una casa fría de Cartago no siempre le sirve a uno en el Caribe: compare la arena y la cama con el clima de su zona antes de ir a recogerlas.

Por ahora no hay anuncios activos en Gatos.

Gatos que buscan hogar y las cosas que dejan atrás:

justo ahí se dividen las dos ramas de gatos. Un gatito de una camada de la calle, o un adulto cuya familia se va del país, va a adopta un gato, donde los gatos se dan en adopción y no se comercian, y lo que se pregunta es carácter y salud. Los objetos van a artículos para gatos: areneros, transportadoras, torres rascadoras, fuentes y camas, algunos todavía en su caja y muchos de una casa donde el gato murió o se fue con su dueño.

Arena, platos y camas de Cartago a Limón:

el gato necesita lo mismo a cualquier altura, pero la versión correcta cambia con el clima. La arena aglutinante de arcilla es la que casi todos los gatos aceptan y la más fácil de limpiar. Los cristales de sílica son livianos y duran más entre cambios, aunque a algunos gatos no les gusta pisarlos. Los pellets de pino se deshacen en aserrín al mojarse y funcionan mejor en un arenero con tamiz. En las zonas bajas y húmedas, una bolsa abierta de pellets o de arena vegetal chupa la humedad del aire y se echa a perder, así que compre bolsas pequeñas o manténgalas cerradas. Allá las hormigas llegan al plato de comida seca en pocas horas; un comedero con base dentro de un platito con agua las mantiene fuera. Con las camas pasa igual. En las noches frías de Cartago se usa una cama cerrada tipo iglú. Con el calor de Limón el gato se tira en el piso de cerámica y no le hace caso a una cueva de peluche; ahí le va mejor una hamaca de malla elevada o una repisa en la ventana.

Un rascador bien alto y una transportadora que abre por arriba:

el poste tiene que dejar que el gato se estire completo parado en las patas de atrás, y pesar lo suficiente para no tambalearse: si lo siente moverse, vuelve al sillón. El mecate de sisal dura más que la alfombra, y una torre necesita una base tan ancha como su plataforma más alta. Una transportadora rígida con puerta arriba deja que el veterinario saque al gato alzándolo, en vez de vaciarlo por el frente. Los areneros con tapa le guardan el olor a usted, pero hay gatos que no entran. Si cambia de tipo de arena, mezcle la nueva poco a poco durante una semana; un cambio de golpe es una razón común para que deje el arenero.

Un arenero, una torre o una fuente usados, y dónde falla cada uno:

el plástico rayado por años de palita guarda un olor a orines que no sale con nada, así que un arenero sencillo es barato nuevo y casi no vale nada usado. Los autolimpiables son la excepción que vale la pena mirar, siempre que vea el rastrillo completar un ciclo entero antes de pagar. Mueva la torre: si se mece, están flojos los tornillos de la base o se rajó un poste, y el sisal deshilachado se vuelve a forrar fácil y barato. Las plataformas con alfombra guardan el olor de los gatos que las usaron. Encienda la fuente ahí mismo, escuche la bomba y confirme que sus filtros todavía se consiguen. En la transportadora, abra y cierre cada pestillo, porque el plástico viejo se raja en la bisagra.

Dar un gato junto con su arenero y su rascador:

mande la arena que ya conoce y una cobija que huela a su casa, y pídale al nuevo dueño que lo tenga adentro las primeras dos semanas, porque un gato recién trasladado muchas veces intenta volver. Para los artículos, fotografíe la torre armada, diga cuánto mide y si se desarma, con los tornillos y la llave en una bolsita. Indique el modelo de la fuente para que quien la compre pueda pedir filtros, y diga si en la casa había perros o fumadores, porque un gato delicado rechaza una cama que huela a cualquiera de los dos. Quien venga desde Ciudad Quesada a recoger una torre en un carro pequeño necesita saber, antes de salir, si cabe desarmada en la cajuela.