Adopta Un Perro

Encuentra y ofrece perros en adopción en Costa Rica.

La mayoría de los perros que buscan casa en Costa Rica son zaguates: sin raza definida y sin un tamaño que nadie pueda prometer. Los ofrecen rescatistas que los cuidan en una casa cuna, gente que recogió uno de la calle y dueños a los que les cambió la vida. De vez en cuando sale un husky o un pastor alemán porque la familia se va del país. Aquí los perros pasan de una familia a otra; no son mercancía. Antes de ir a conocer a uno, pregunte si tiene una prueba de erliquia reciente: casi cuatro de cada diez perros del país han estado expuestos a esa infección de garrapata.

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Un zaguate cachorro o un zaguate adulto:

la diferencia está en cuánto se adivina. El cachorro de una camada callejera se gana a cualquiera y nadie sabe cuánto va a crecer; la mamá es la única pista seria, y unas patas grandes a las diez semanas anuncian un perro grande. Un adulto de dos años o más ya trae el tamaño, el pelo y el carácter hechos. Tras unos meses en una casa cuna, quien lo cuidó le puede contar cómo camina con correa, si persigue gatos y cómo lleva quedarse solo. Los de ocho o nueve años son los que más esperan y suelen ser los más fáciles de tener. Si el perro que recogió se ve cuidado, publíquelo primero en animales perdidos y encontrados, por si alguien lo anda buscando. La correa, la cama y el kennel están en artículos para perros, y si en la familia dudan entre perro y gato, vean adopta un gato.

Un perro para un condominio en Curridabat o para una finca en San Carlos:

primero la energía, después la cara. Un cruce joven de labrador o de pastor solo de siete a seis desbarata el apartamento; uno mayor y tranquilo duerme todo el día. Si alquila o vive en condominio, lea las reglas sobre mascotas antes de enamorarse de un perro grande, porque el que tiene que irse vuelve derechito a una casa cuna. En una finca la pregunta es otra: los rescatistas quieren saber dónde va a dormir el perro, y muchos no lo entregan si solo se busca para cuidar un portón amarrado.

Lo que paga el aporte que pide un rescate:

las vacunas, a veces la castración y parte de lo que costó mantener al perro mientras esperaba. Un rescate organizado sigue casi siempre los mismos pasos: un formulario o una llamada, una visita a la casa, un acuerdo corto firmado y fotos de seguimiento cuando el perro ya se adaptó, más el recordatorio de castrarlo si estaba muy pequeño. En una campaña de castración de bajo costo la operación se cobra por peso y anda entre ₡15 000 y ₡25 000, y en una clínica privada varias veces eso; un aporte de ese tamaño, con las vacunas anotadas en el carné, está pagando trabajo real.

Erliquia, sarna y parvo en el perro que se va a llevar:

las tres que hay que descartar. La erliquia la transmite la garrapata café del perro, que se cría en perreras y paredes más que en el zacate; en Guanacaste casi dos de cada tres perros han estado expuestos. Sangrado por la nariz, encías pálidas, moretitos en la panza o un perro que no se quiere levantar apuntan a ella, así que pida un resultado reciente en vez de fiarse de un pelo bonito. Busque garrapatas dentro de las orejas y entre los dedos. Las calvas con costras en codos y puntas de las orejas pueden ser sarna sarcóptica, que se pega a otros perros. En un cachorro, vómito y diarrea con sangre es parvo hasta que un veterinario diga lo contrario; revise las fechas del carné. Aléjese del husky o el bulldog francés “regalado”, con fotos de catálogo, al que solo le falta pagar el transporte. Conozca al perro, o por lo menos véalo en videollamada en vivo, antes de mandar un colón.

Dar su propio perro en adopción, de la primera foto a la entrega:

empiece por lo que igual le van a preguntar: edad, sexo, peso en kilos, si está castrado, sus vacunas con fechas y el resultado de la prueba de erliquia si la tiene. Cuente cómo se porta con niños, gatos, otros perros y con correa, si ha vivido adentro o en un patio, y por qué necesita otro hogar, para que nadie maneje hasta San Ramón, Turrialba o Golfito y se lleve una sorpresa. Fotos con luz de día y un video corto caminando contestan casi todo lo demás. Conozca a quien lo adopta y pida ver dónde vivirá el perro, como haría un rescate. Entregue el carné de vacunas, unos días del concentrado que conoce y su correa de siempre, y pida una foto cuando ya esté adaptado.