Piscinas

Compra y vende piscinas en Costa Rica.

Casi todas las piscinas que cambian de dueño aquí son de armar: la inflable de aro para los güilas, o la estructural de Intex o Bestway que puede pasar años en el patio, con la bomba y el filtro que le mantienen el agua clara. Quien tiene piscina de concreto también deja pasar bombas, filtros y robots limpiafondos, nuevos y usados. En los pueblos de playa de Guanacaste, donde a veces el agua llega en camión cisterna, un cobertor que la mantenga limpia entre baño y baño ahorra llenarla dos veces. Antes de ir a verla, pida el modelo que viene impreso en la lona.

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Inflables para los güilas, estructurales para el patio:

cada una se gasta a su manera. La de aro inflable sube conforme se llena y no tiene tubos que se oxiden, pero el aro es una costura larguísima que va perdiendo aire, y un arañazo del gato la puede terminar. La estructural cuelga una lona más gruesa, de varias capas, de tubos de acero con pintura en polvo, y en las medidas hondas ya es para nadar y no solo para sentarse. Intex y Bestway son las marcas que más se ven, y las dos tienen repuestos según el modelo. Quien tiene piscina de concreto suelta bombas, filtros de arena y robots limpiafondos de marcas como Hayward o Pentair cuando cambia de equipo. Las tumbonas para la orilla están en muebles de exterior, y el agua caliente con chorros, en jacuzzis.

La bomba que trae la caja decide qué tan clara se mantiene el agua:

los juegos pequeños traen una bomba de cartucho que alcanza para una piscina baja y se queda corta en una honda, y el cartucho de papel hay que lavarlo cada par de semanas. La bomba con filtro de arena cuesta más, pide menos cuidado y le sirve a una piscina grande armada todo el año. Entre marcas se cambian más fácil de lo que se cree: las pequeñas de Intex y Bestway suelen usar la misma manguera delgada, y las grandes piden un adaptador. En los pueblos de playa de Guanacaste donde el agua escasea y a veces llega en cisterna, una piscina es un tanque enorme que llenar, y un cobertor a la medida ahorra vaciarla y volver a llenarla. El cobertor también cuenta por el zancudo: una piscina quieta con la bomba apagada, o un cobertor flojo que junta lluvia, es justo donde se cría el del dengue.

La lona en una piscina pequeña, la bomba en una grande:

una estructural de unos tres metros de largo arranca en unos ₡70.000 nueva, y un juego rectangular hondo de cinco metros o más ronda los ₡500.000. En la pequeña usada, casi todo el valor es la lona, y como nueva cuesta tan poco, una lona desteñida y con parches deja muy poco que cobrar. En la grande, la bomba de arena, la escalera y el cobertor pesan en el precio y duran más que la lona, así que un juego completo con la bomba funcionando conserva una parte real de su valor aunque la lona esté cansada, y hay quien se lo lleva solo por el filtro.

La etiqueta de la lona va antes que todo:

ahí vienen el modelo y la medida, y sin ese dato no hay cómo pedir los repuestos que tarde o temprano necesita una piscina usada. Después mire la pared que recibía el sol de la tarde, donde la lona se destiñe y se endurece primero. Si el vinil se siente como papel o tiene grietitas en los dobleces, le queda poco; un parche bien puesto arriba del nivel del agua no es problema. Incline cada tubo: si suena arenilla o sale agua con óxido, se pudrió por dentro. Pida ver la bomba funcionando, con las mangueras en una tina si la piscina está desarmada. Si zumba pero no gira, tiene el impulsor pegado o el capacitor malo, y un filtro de arena que gotea por la válvula de arriba necesita empaque nuevo.

Una piscina que se enseña llena y se vacía para el viaje:

mientras siga armada, fotografíela llena y nivelada, y luego la etiqueta de la lona, la placa de la bomba y la bolsa de pines y uniones. Diga cuánto tiempo estuvo al sol y si van el cobertor, la escalera o la lona de piso. Cerrado el trato, vacíela hacia el zacate y no contra la tapia del vecino, seque la lona al sol por los dos lados y dóblela floja. Quien venga desde Desamparados o Ciudad Quesada debería traer ayuda para la lona, y antes de irse alguien tiene que caminar el zacate donde estuvo la piscina: los pines que sostienen la estructura son pequeños, y a un juego que le faltan unos cuantos no se para.