Monedas
Compra y vende monedas en Costa Rica.
El ₡1.000 de polímero de las series A y B ya salió de circulación, y en muchas billeteras queda alguno que nadie llegó a gastar. Quien colecciona dinero costarricense guarda billetes así junto al metal: monedas del Banco Central, céntimos de plata de principios del siglo veinte, billetes de los bancos privados que emitían antes de 1950, boletos de café de las haciendas y la plata resellada de la década de 1840. Caben piezas nuevas y usadas, desde una conmemorativa todavía en su cápsula hasta una carpeta de monedas extranjeras de viajes viejos. El valor depende de qué emisión es, cuánto circuló y si es auténtica.
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Resellos, céntimos de plata, boletos de café y billetes del Banco Central:
cada grupo tiene sus propios coleccionistas. Los más antiguos son los resellos, plata colonial española que la joven república marcó para darle curso legal, primero con la estrella de seis puntas de Braulio Carrillo y después con un pequeño árbol de ceiba y la leyenda HABILITADA EN COSTA RICA. Siguen los céntimos de plata del primer colón y las monedas del Banco Central, entre ellas las conmemorativas de ₡50 con la fauna del país. El papel es un mundo aparte, desde los billetes de los bancos emisores anteriores a 1950, cuando el Central asumió la emisión, hasta sus series de polímero. Los boletos de café, las fichas con que las haciendas le contaban a cada cogedor las cajuelas entregadas, se catalogan finca por finca. Las cajas fuertes y balanzas viejas de la misma casa van en antigüedades, y las postales Panini metidas en el álbum, en cartas coleccionables.
Coleccionar por tipo, por fecha o por firmas:
defina cuál antes de gastar. Al de tipos le basta un buen ejemplar de cada diseño, aunque sea de fecha común. El de fechas necesita cada año de la serie, y los años escasos fijan cuánto cuesta terminarla. El Banco Central imprimió sus billetes por series, cada una con las firmas del presidente de la Junta Directiva y del gerente, y una colección completa pide cada pareja. El estado pesa más en papel que en metal: un solo doblez saca al billete de sin circular. Para una pieza cara, un estuche de PCGS o NGC en monedas, o de PMG en billetes, resuelve grado y autenticidad antes de que se mueva la plata.
Billetes retirados y el piso de su valor facial:
un billete que el Banco Central sacó de circulación ya no sirve para pagar, pero conserva su valor y los bancos lo siguen cambiando, así que un ₡50.000 doblado o un ₡2.000 viejo de algodón nunca vale menos de lo que dice, y rara vez mucho más si no está sin circular. Los billetes pequeños de los años setenta a noventa son el caso contrario: el valor facial ya no cuenta, los tiesos y sin circular se venden por unos ₡2.000 a ₡6.000 cada uno, y los circulados casi no se venden sueltos. En el otro extremo, los resellos más raros de la década de 1840 han pasado de varios millones de colones en subastas internacionales, y por eso se falsifican.
Resellos falsos, billetes planchados y polímero marcado:
el resello es lo más fácil de falsificar, porque basta una moneda colonial auténtica y un punzón nuevo. Revise primero las fechas: la moneda base tiene que ser anterior a la marca que lleva. Un punzón verdadero, golpeado sobre plata vieja, desplaza el metal y deforma el diseño alrededor y detrás de la marca, así que un resello asentado sobre una superficie intacta merece una segunda opinión. El Museo de Numismática, en San José, exhibe resellos auténticos: vale la visita antes de una compra grande. En papel, incline el billete contra una ventana. Uno lavado y planchado para esconder los dobleces se ve plano y flojo, con las líneas todavía visibles a contraluz. La cinta, los bordes recortados y las cuentas escritas con tinta le restan. El polímero no agarra el doblez como el algodón, pero una marca fuerte deja en la tinta una línea que no se quita.
Publicar una serie de billetes o una macuquina resellada:
fotografíe frente y reverso con luz de día sobre fondo oscuro, y el canto si es moneda. En un billete, que se lean el número de serie y las dos firmas; indique la letra de la serie y diga si está circulado, doblado, limpiado o planchado. Lo común y circulado se vende mejor en un lote con el conteo; las pocas piezas con sobreprecio, una por una. Un billete retirado que solo vale lo que dice rinde más en la ventanilla del banco que en un anuncio. Quien venga desde Guápiles o Turrialba por un solo billete le va a pedir la serie y las firmas antes de salir, porque así comprueba que le llena un hueco de la colección.