Coleccionables

Compra y vende coleccionables en Costa Rica.

Cuando las monedas de ₡5, ₡10 y ₡25 del diseño anterior dejaron de servir para pagar, más de un frasco de menudo pasó a llamarse colección. Un coleccionable se guarda por lo que es y no por lo que hace: un álbum Panini con tres páginas en blanco, una carpeta de cartas Pokémon, una figura de acción en su caja, una figura de porcelana con el sello del fabricante debajo de la base. Caben piezas nuevas y usadas, desde una caja de sobres sellada hasta la vajilla de la abuela. En todas, las preguntas son las mismas: si es auténtica, si está completa y en qué estado está de verdad.

Monedas, cartas y figuras, cada una con su propia regla de valor:

quien colecciona monedas mira primero la fecha, el tiraje y el desgaste, y esa rama recoge también los billetes. Las cartas coleccionables de Pokémon, Magic o Yu-Gi-Oh! se cotizan por edición, rareza y estado de la superficie, y por eso las mejores terminan selladas en un estuche de calificación. Una figura de acción pierde valor con cada accesorio que le falta. En porcelana y Swarovski mandan el sello del fabricante y unos bordes sin despostilladuras, y antigüedades recoge los relojes, muebles y vajillas viejos que no son de un solo pasatiempo. Antes de comprar, defina si la pieza es para exhibir o para guardar. Una figura suelta o una carta abierta se ve igual en la vitrina y cuesta mucho menos que una sellada. Si piensa revender, compre menos piezas en mejor estado: quien paga bien es quien más revisa.

El álbum Panini del Mundial y el negocio de las postales sueltas:

en Costa Rica el álbum se llena clasifique o no la Sele, y la edición ampliada a 48 selecciones agotó el inventario del distribuidor local aun en un Mundial sin Costa Rica. Llenarlo solo con sobres puede pasar de ₡100.000, y de ahí el segundo mercado: las postales comunes se venden en unos cientos de colones, mientras que las de las figuras estelares y las doradas especiales llegan a miles. Los fines de semana, los intercambios en centros comerciales funcionan con listas de repetidas, y muchas familias regalan lo que les sobra. Los álbumes y las postales se publican junto con las cartas coleccionables. Venda las repetidas mientras dura el torneo: después de la final se acumulan las de las selecciones que nadie busca, y cuesta moverlas a cualquier precio. Un álbum completo es otra cosa: guárdelo plano, sin rayones ni cinta adhesiva en las páginas.

Monedas de ₡5, ₡10 y ₡25 del diseño anterior en la gaveta:

ya no sirven para pagar, y la de ₡5 desapareció del todo, así que muchas casas tienen un frasco que parece colección y vale poco más que su valor facial. El coleccionista busca las excepciones: piezas sin circular que conservan el brillo de la acuñación, errores de acuñación y la nueva moneda de ₡25, más pequeña, con siete reversos distintos, un sitio emblemático por provincia desde Playa Manzanillo hasta el Teatro Nacional, que mucha gente se propone completar. Nunca limpie ni pula una moneda que piensa vender: el coleccionista paga menos por una que se ha frotado.

El núcleo negro de una carta, el cisne grabado y las reparaciones pegadas:

una carta Pokémon auténtica, puesta contra una luz fuerte, deja ver una capa interior oscura y casi no deja pasar la luz; la mayoría de las falsas se iluminan. Un sobre muy por debajo del precio normal es la otra señal de alarma. Las figuras Swarovski hechas desde finales de los años ochenta llevan un pequeño cisne grabado y las más antiguas una marca SC; las Lladró llevan el logo debajo de la base. Pase la uña por los bordes del cristal y la porcelana, porque las despostilladuras se sienten, e inclínela bajo una lámpara para ver la línea fina de una reparación pegada. En una figura de acción, compruebe que cada articulación sostiene la pose y cuente los accesorios contra el empaque original. En un reloj o una cómoda vieja, busque tornillos nuevos en madera vieja y agarraderas que no coinciden.

Una colección que tiene que salir, pieza por pieza o en un solo lote:

venda una por una las pocas piezas valiosas y el resto junto. Una carpeta de cartas comunes se mueve más rápido en una sola publicación con el conteo que en cincuenta pequeñas. Fotografíe cada pieza buena con luz de día y fondo liso, de frente, por detrás y el sello de abajo, e indique fabricante, edición o referencia y cada defecto, desde una despostilladura hasta un certificado perdido. Quien viene desde Heredia o Puntarenas por una carpeta de cartas querrá sacar las raras del protector y ponerlas contra la luz, así que acuérdelo antes de que salga.