Oficina

Compra y vende muebles y artículos de oficina en Costa Rica.

Cuando una empresa cambia de piso en Santa Ana o remodela sus oficinas en La Sabana, el mobiliario sale por lotes: una fila de sillas de malla iguales, estaciones de trabajo desarmadas en sobres y estructuras, archiveros metálicos y un armario de tóner para una impresora que ya no está. Esas piezas, nuevas y de segunda mano, se compran y se venden aquí junto con lo que necesita una sola persona para armar su escritorio en la casa. Busque el ampo por su nombre: así le dice todo el mundo al archivador de palanca, y viene en tamaño carta y oficio, igual que el papel.

Sillas y estaciones de trabajo, ampos y tóner:

una oficina se divide entre lo que se usa para trabajar sentado y lo que se gasta. Los muebles de oficina son la mitad que sobrevive a la empresa que los compró: una buena silla secretarial aguanta diez años de jornadas de ocho horas, y las estaciones de trabajo de estructura metálica de un piso abierto se desarman en sobres, paneles y gaveteros que se vuelven a armar en otro edificio. Los artículos de oficina son la mitad que se acaba o se acumula. El papel viene en tamaño carta y en oficio, la hoja más larga, y no comparten bandeja de impresora ni archivo. El ampo, que lleva el nombre de la empresa costarricense que fabrica archivadores de palanca desde los años sesenta, viene en los dos tamaños: cómprelo según el papel que guarda.

Silla secretarial, ejecutiva o de visita:

la silla merece la mayor parte del presupuesto, porque es lo único que se usa todo el día. La secretarial tiene pistón, reclinación y, en las mejores, brazos regulables y soporte lumbar. La ejecutiva suma respaldo alto y acolchado, pero muchas veces menos ajustes. Las de visita y las apilables no giran, y se compran por docena para una recepción o una sala de capacitación. Una silla giratoria básica cuesta desde unos ₡40.000 nueva, y una ergonómica de malla decente anda entre ₡100.000 y ₡230.000. Una Herman Miller o una Steelcase cuesta varias veces eso, y esa diferencia explica por qué las sillas corporativas son la compra usada que vale la pena buscar: la malla, el pistón y los brazos se cambian por separado, mientras que una silla barata con la espuma aplastada ya no tiene arreglo. Para el escritorio, mida primero el cuarto. Un escritorio en L que le queda bien a la esquina de una gerencia no cabe en el cuarto de huéspedes convertido en oficina para teletrabajar, y uno de altura ajustable con patas eléctricas pide un tomacorriente y espacio para subir del todo.

La silla, el escritorio o el archivero usado:

siéntese en la silla y espere un minuto. Un pistón que baja despacio ya va de salida. Trabe la reclinación en cada posición, empuje los brazos hacia los lados, busque grietas en la base plástica cerca de los rodines y revise la malla donde se une al marco. Después dele vuelta: las Herman Miller y las Steelcase llevan una etiqueta debajo del asiento con el modelo y la fecha de fabricación. Hay réplicas de la Aeron que se ofrecen como originales, y una etiqueta ausente con un mecanismo genérico, sin marca, las delata. La melamina se hincha en los cantos donde le entró agua, y no vuelve a su tamaño. Los huecos de los herrajes en el aglomerado se barren después de un par de desarmadas, así que pregunte cuántas mudanzas lleva el escritorio o la estación. Abra cada gaveta del archivero hasta el fondo con algo de peso adentro, y pida las llaves. En tóner y tinta, la caja es el producto. Sellado, original o compatible, los modelos de impresora impresos al costado y la fecha: eso es lo que vale un cartucho. Fuera de su empaque de aluminio, vale una fracción.

El tóner que sobró y el piso de muebles por desocupar:

cuando una empresa cambia de impresoras, el tóner del modelo viejo sobra de un día para otro. Publíquelo con el número de cartucho, diga en qué impresoras sirve y fotografíe la caja sellada con la fecha a la vista, porque ese número es lo que la gente busca. En muebles, indique cuántas piezas son y si hacen juego, fotografíe la etiqueta de una silla y la estructura de una estación, y aclare si ya están desarmadas. Antes de contratar un flete, le van a preguntar en qué piso están, si hay ascensor o andén de carga y en qué horario deja el edificio sacar muebles. Quien baja desde Alajuela por doce sillas las quiere esperando en el andén, no en el cuarto piso detrás de la recepción de seguridad.