Sillas De Comedor
Compra y vende sillas de comedor en Costa Rica.
Casi todas las sillas de comedor que pasan a segunda mano todavía tienen buena estructura debajo de un asiento cansado: cuerina que empezó a pelarse o tela marcada por años de gallo pinto y café. Eso pesa, porque retapizar un asiento es un trabajo sencillo para cualquier tapicero, mientras que una silla floja es la falla cara. Se ofrecen nuevas y usadas: de fábrica con asiento acolchado, de madera maciza de cedro o teca, metálicas que salen de sodas que renuevan el comedor y bancas donde caben tres chiquitos. Revisá primero la estructura y de último la tela.
Sillas de comedor tapizadas y la estructura que llevan debajo:
la silla de fábrica con asiento acolchado es la que traen casi todos los comedores de tienda, con patas de madera o metal y forrada en tela o en cuerina. La cuerina se limpia con un trapo, pero la de calidad baja se cuartea y se pela en pocos años, y más rápido al sol de una ventana. La tela es más suave, pero se le nota cada derrame. En casi todas, el asiento es una pieza aparte, sujeta con unos tornillos por debajo, así que se desmonta y se lleva sola donde el tapicero. Las de madera maciza, de cedro o de teca de plantación, pesan más y duran más: una unión floja se vuelve a encolar y un acabado gastado se lija, algo imposible en una enchapada o de MDF. Las metálicas y las de resina son livianas, se apilan y aguantan el palo de piso; por eso las sodas y los restaurantes pequeños las compran por docenas. Para leer, mirá los sillones; para un día entero frente a la pantalla, las sillas de oficina están hechas para eso y una de comedor no.
Brazos, altura del asiento y el faldón de tu mesa de comedor:
antes de ver si una silla te gusta, fijate si cabe. Entre el asiento y la tabla tienen que quedar unos 30 cm para las rodillas, y revisá el faldón, el marco que va debajo de la tabla: las sillas con brazos muchas veces no entran ahí y quedan estorbando el paso. Si son para una mesa que ya tenés, llevá anotada su altura. Si vas a cambiar todo, empezá por las mesas de comedor y escogé las sillas después.
Cuerina, tela y lo que salva un tapicero:
una silla de fábrica nueva cuesta entre unos ₡20.000 y ₡90.000, y una plegable de plástico sencilla anda por los ₡15.000. Frente a eso, una usada vale lo que cueste dejarla bien. Una estructura sana con la cuerina rota solo pide retapizado, un trabajo pequeño que los tapiceros cotizan por silla, y más barato por silla si va el juego completo. Una silla que se mece necesita carpintero, y en una de fábrica armada con tarugos y goma esa reparación puede salir más cara que la silla. Por eso un juego usado se valora por sus estructuras: firmes y con el asiento gastado todavía valen; flojas y con tela nueva, muy poco.
Una silla de comedor usada sobre un piso parejo:
es la primera prueba. Sentate, echate para atrás y pasá el peso de un lado al otro; si cede, una unión se abrió, casi siempre donde las patas traseras se juntan con el marco del asiento. Por debajo, la base del asiento debe ser plywood o tabla sólida, no aglomerado hinchado que se desmorona alrededor de los tornillos. Apretá fuerte el asiento, y si sentís la tabla a través de la espuma, contá con espuma nueva además de forro nuevo. Una silla que se vende como madera maciza debe pesar y mostrar la veta en la punta de las patas, no un canto liso pintado ni laminado despegado en las esquinas. En las metálicas revisá las soldaduras y las patas, donde el óxido empieza debajo de los tapones de plástico; en las de resina, las marcas blancas alrededor de las patas anuncian una quebradura.
Seis sillas de comedor de la casa o un lote de treinta:
si es el juego de la casa, decí cuántas son, si todas son iguales y si la mesa va incluida. Indicá de qué es el asiento y contá con honestidad si alguna se reencoló o se retapizó, porque igual le van a dar vuelta. Fotografiá el juego completo, una silla de frente, de lado y por debajo, y el asiento de cerca con luz de día, donde se ve la cuerina pelada. Una soda o un restaurante que saca sillas debe dar el número exacto, si se apilan y el precio por silla y por lote: quien está amueblando un café en Grecia va a querer saber que todas las sillas del lote son iguales antes de manejar desde Heredia.