Sillones

Compra y vende sillones en Costa Rica.

Si buscás “sillón” en Costa Rica, la mitad de lo que aparece son sofás, así que el asiento de una persona anda con otros nombres: butaca para la pequeña de patas de madera, poltrona para la tapizada y más honda que se pone frente al sofá, sillón individual o reclinable para el que se echa para atrás frente a la tele. Se ofrecen nuevos y usados, desde un par de poltronas iguales hasta el reclinable mecedor giratorio y la mecedora de cuero que se dobla. Usá esas palabras al buscar, y otra vez al publicar, para que te encuentre quien de verdad lo quiere.

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Una butaca no es una poltrona:

y ninguna de las dos es un reclinable, aunque una etiqueta de tienda les diga sillón a las tres. La butaca es la liviana, angosta y recta sobre cuatro patas a la vista, pensada para una esquina del cuarto. La poltrona es más ancha y más honda, tapizada entera, y casi siempre se compra en pareja para ponerla frente al sofá, así que tiene que combinar con lo que ya tengás en sofás. El reclinable gira alrededor de un mecanismo, con un reposapiés que sube y un respaldo que baja, y su lugar es el cuarto de la tele más que la sala. El reclinable mecedor giratorio suma una base que gira y mece, y la mecedora de cuero que se dobla también va aquí. Para un asiento que se ajuste al escritorio están las sillas de oficina.

Palanca, push back o eléctrico en un reclinable:

define cómo se usa y dónde se puede poner. El de palanca levanta primero el reposapiés y después suelta el respaldo; es el más sencillo y el más fácil de arreglar. El push back no tiene palanca: uno se recuesta y el reposapiés sube. Se ve más limpio, pero pide algo de peso, así que le sirve más a un adulto grueso que a una abuelita delgada. El eléctrico se mueve con un botón, se detiene en cualquier ángulo y necesita un tomacorriente cerca. Antes de comprar, medí detrás del lugar donde va: un reclinable común necesita espacio libre contra la pared para abrir completo, y el tipo wall hugger se corre hacia adelante al reclinarse. En poltronas y butacas decide la altura y la profundidad del asiento. Una poltrona baja y honda es para echarse; a quien le cuesta levantarse le conviene un asiento más firme y alto, con brazos donde apoyarse.

Lo que vale una poltrona o un reclinable al salir de la tienda:

una butaca o una poltrona de mueblería anda nueva entre unos ₡90.000 y ₡180.000, y un reclinable individual entre ₡140.000 y ₡230.000. Pierden valor por razones distintas. La poltrona no tiene nada adentro que se quiebre, así que una limpia y en tela neutra sostiene bien el precio, y un par igual vale bastante más que una sola, porque quien compra las quiere una frente a la otra. En el reclinable el precio lo pone el mecanismo: uno que abre y cierra suave se vende, y uno que se traba a medio camino se cotiza como reparación, por bonito que esté el forro.

El reposapiés y la tijera de un reclinable usado:

abrilo completo y cerralo tres o cuatro veces. El reposapiés tiene que subir parejo y cerrar a ras con el frente; si una esquina queda caída o no termina de cerrar, hay un brazo de la tijera doblado por debajo. Inclinalo hacia adelante y buscá óxido, tornillos que falten o tela metida en las uniones. Recostate en cada posición: el respaldo tiene que sostenerse sin irse bajando. En uno eléctrico, un motor que zumba sin mover nada es un actuador dañado. En una butaca o una poltrona, agarrá un brazo y movelo de lado, porque las patas casi siempre van atornilladas y la rosca se barre, y mirá el costado que daba a la ventana, donde la tela se decolora y se pone quebradiza primero.

Una butaca, una poltrona o un reclinable con el nombre que busca la gente:

empieza por poner esa palabra en el título junto a sillón, para que aparezca en las dos búsquedas. Indicá ancho, fondo y alto, y en el reclinable el fondo abierto completo, que define si cabe en el cuarto. Decí qué mecanismo tiene y si todo funciona, tomá fotos cerrado, reclinado y por debajo, y aclará si es uno de un par. Muchos reclinables salen a la venta porque se compraron para una sola persona, un papá que se fue a vivir con la familia, y contar con franqueza cuánto se usó dice más que la palabra «excelente». Quien maneje desde Guápiles para recogerlo en Escazú va a preguntar si cabe en el carro: una butaca sin las patas entra en un hatchback, y un reclinable casi siempre pide un pickup.