Sombreros Para Mujer

Compra y vende sombreros para mujer en Costa Rica.

A quien sube al Chirripó desde San Gerardo de Rivas le recomiendan llevar dos cosas para la cabeza: una gorra de lana para una cima que de madrugada puede bajar de cero, y un sombrero con ala para el sol fuerte que viene después. Los sombreros para mujer cubren todo ese rango, nuevos y usados: alas anchas de paja para Cahuita o Uvita, sombreros pescador que se enrollan dentro del bulto, gorras con abertura para la cola, viseras, fedoras de fieltro y gorros tejidos. El material importa tanto como la forma, porque un sombrero que no aguanta un aguacero de la tarde solo sirve para una semana seca.

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Sombreros para el sol según el ala, del playero flojo a la visera:

el ala decide cuánta sombra da y cuánto viento agarra. Un ala ancha y flexible le cubre la cara, el cuello y los hombros en la arena, pero en una lancha aletea, así que busque cordón para la barbilla. El sombrero pescador se aplasta dentro del bolso y sale con la misma forma. La gorra para cola tiene una abertura atrás para una cola alta o un moño, y por eso no se mueve al correr. La visera deja la cabeza al aire: fresca en la cancha de tenis, inútil en una caminata al mediodía. Los lentes que funcionan debajo de un ala están en lentes de sol para mujer, y las gorras y viseras para correr se cruzan con la ropa deportiva para mujer.

Paja de papel, rafia y el aguacero de la tarde:

muchos sombreros playeros que parecen de paja son de papel torcido. La paja de papel es liviana, barata y mantiene una forma nítida, pero con una buena mojada se ablanda, el ala se cae y ya no se recupera. La rafia, que es fibra de palma, aguanta una llovizna y se puede enrollar en la maleta. Para Monteverde, donde la neblina y la llovizna entran casi todas las tardes, o para una caminata que pueda durar más que el sol de la mañana, lo sensato es un pescador de algodón o poliéster, y solo los de tela suelen traer un factor UPF en la etiqueta.

La gorra de lana para el Chirripó y las madrugadas de altura:

en las bajuras el gorro tejido casi no sale de la gaveta, pero en el Chirripó, en el cráter del Irazú al amanecer o cruzando el Cerro de la Muerte de noche, es el que importa. La lana, o una mezcla con lana, sigue abrigando aunque la neblina la humedezca. Casi todos se compran para una sola subida y después vuelven a guardarse, así que uno de segunda mano suele estar apenas estrenado.

Un sombrero de paja de playa frente a un booney Columbia:

un sombrero playero sencillo, de paja o de papel, cuesta entre ₡7.000 y ₡15.000 nuevo, y lo que se paga es el aspecto, no el material. Un booney o un pescador de secado rápido de Columbia o The North Face, con etiqueta UPF y cordón, ronda los ₡30.000. Esos de tela son los que vale la pena anunciar usados: el nailon y el poliéster aguantan lluvia, sudor y un lavado a mano, así que uno limpio tiene casi toda su vida por delante. Un sombrero de papel que ya hizo unas vacaciones no tiene nada que vender, y sale mejor como pilón junto con un bolso de playa.

Moho bajo la cinta y una copa que perdió la forma:

dele vuelta al sombrero primero. Puntitos negros o verdes debajo de la cinta de sudor, o un olor a guardado, quieren decir paja que se guardó húmeda, y el moho no sale de la paja. Hebras rotas alrededor de la copa y un ala caída dicen que a un sombrero de paja le llovió o que alguien se sentó encima. La paja natural y la rafia se pueden volver a formar con el vapor de una olla hirviendo; la de papel, no. En los de tela, revise que la cinta no esté tiesa y amarilla de bloqueador y que el tope del cordón todavía apriete.

Un sombrero medido por dentro de la cinta, y una compradora peinada como siempre:

pase una cinta métrica por dentro de la cinta de sudor y dé esa medida en lugar de la etiqueta S/M o L/XL, porque cada marca corta esas tallas a su manera. Copie el material de la etiqueta y diga si al sombrero le cayó un aguacero. Fotografíelo desde arriba, de lado y por dentro, con la etiqueta a la vista. Lleve el sombrero de paja a la entrega en una caja o puesto, nunca doblado dentro del bulto, y pídale a la compradora que venga peinada como lo usa en la playa o en el sendero: un moño o una cola alta cambian cómo asienta un sombrero más que media talla.