Relojes Para Mujer

Compra y vende relojes para mujer en Costa Rica.

En las semanas antes del 15 de agosto, cuando en Costa Rica se celebra el Día de la Madre, el reloj es uno de los regalos de siempre, y más de uno termina en una gaveta sin salir de su caja. Los relojes para mujer van del de vestir de cuarzo con faja de cuero al solar de acero que se carga con la luz, el automático pequeño que se da cuerda en la muñeca y el tipo brazalete con piedras, nuevos y usados. Lo que lleva por dentro pesa más que la carátula: cuánto cuesta mantenerlo andando, cómo envejece y cuánto pagará por él una segunda dueña.

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Lo que hace andar un reloj de mujer, del cuarzo al automático:

tres maneras de llevar la hora, y cada una cambia lo que usted compra. El de cuarzo funciona con una batería de botón, el segundero salta de uno en uno y casi todos los relojes de moda y de vestir lo llevan, desde un Swatch hasta un Tissot. El cuarzo solar, que Citizen vende como Eco-Drive y Seiko como Solar, suma una celda debajo de la carátula que se carga con cualquier luz, así que nunca hay que cambiarle la batería. El automático es mecánico, se da cuerda con el movimiento de la muñeca y su segundero barre en vez de saltar. Una maquinaria automática pequeña es más difícil de hacer, así que hay pocos automáticos de mujer y salen más caros que uno de cuarzo de la misma marca.

Un reloj de vestir para la oficina, uno de acero para la playa:

el reloj pequeño de vestir con faja de cuero, o el brazalete con piedras, es para el trabajo y para salir de noche, y queda natural junto a unas pulseras de joyería para mujer. El de acero con pulsera de eslabones aguanta golpes, bloqueador y sudor. Revise la resistencia al agua: si solo dice “water resistant”, o 3 ATM, aguanta lluvia y lavado de manos, no la piscina en Tamarindo; para nadar, busque 10 ATM o más. Para correr o el gimnasio, el deportivo con faja de silicona va con la ropa deportiva para mujer.

Lo que se paga por la maquinaria, y el regalo que nunca salió de la caja:

un reloj solar de acero de Citizen o Seiko arranca en unos ₡115.000 nuevo y los más de vestir llegan a cerca de ₡240.000, bastante más que uno de moda que se ve casi igual. Se paga una maquinaria hecha para durar y para recibir mantenimiento, y por eso uno usado y bien cuidado conserva más de su valor que uno de moda al que se le empieza a ir el enchapado. Algunas de las mejores compras de segunda mano son regalos del Día de la Madre que no convencieron: en su caja, con folleto y factura, de alguien que prefiere la plata.

Cómo leer un reloj usado por el segundero, el broche y el bisel:

un reloj de cuarzo detenido casi siempre solo ocupa batería, pero uno que pasó años en una gaveta con la batería muerta puede haberse sulfatado por dentro, así que pregunte cuándo se la cambiaron y véalo andar. En uno solar, si el segundero salta de dos en dos segundos le falta carga, no está dañado: déjelo unos días a la luz del día, nunca en el tablero del carro, y si sigue saltando, que lo revise un relojero. Un automático detenido casi siempre solo necesita cuerda, pero si se adelanta o se atrasa minutos al día, ocupa mantenimiento, y eso puede costar una parte seria del precio. Un reloj que se vende como automático con segundero que salta cada segundo es de cuarzo, diga lo que diga la carátula. En dorado y oro rosa, mire bajo el broche y la tapa trasera, donde roza la muñeca: si asoma el acero gris, eso no se retoca barato. En un bisel con piedras, busque engastes vacíos o restos de goma.

Un reloj andando antes de las fotos, y la medida que necesita quien compra un regalo:

diga si es de cuarzo, solar o automático, y téngalo andando en las fotos: el de cuarzo con batería nueva, el solar tras unos días al sol de una ventana, el automático con cuerda y en hora. Fotografíe la carátula de frente y el broche y la tapa de lado, para que se vea el desgaste del enchapado. Si fue un regalo sin usar, dígalo, incluya caja y factura, y publíquelo en julio, no la semana antes del 15 de agosto. Luego mida en centímetros la pulsera cerrada, o el interior del brazalete. El hijo que viene manejando desde San Ramón por el regalo de su mamá casi nunca sabe la medida de su muñeca, y con ese número puede medir una pulsera de ella en la casa antes de salir.