Camping & Exploración
Compra y vende equipo de camping y exploración en Costa Rica.
Un mismo fin de semana puede ser una hamaca colgada entre dos almendros frente a una playa de la península de Nicoya o una noche casi bajo cero al pie de la cima del Chirripó, y el equipo de una salida sirve de poco en la otra. El grueso son tiendas de campaña y sleeping bags, junto con cocinas de camping, mochilas y los binoculares que se suben a San Gerardo de Dota con la ilusión de ver un quetzal, nuevos o usados. Una buena tienda dura más que los paseos para los que se compró, y por eso tantas pasan de una familia a otra.
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Tiendas tipo domo, tiendas familiares y hamacas:
resuelven de tres maneras dónde se duerme. Una tienda domo para dos o tres se sostiene con sus propias varillas, así que se arma igual sobre arena que sobre una tarima, y pesa poco para llevarla del carro a la playa. Las familiares, de paredes altas y con cuarto aparte, dan espacio para una semana de vacaciones, pero piden terreno plano y carro. En la costa mucha gente ni lleva tienda: duerme en una hamaca con mosquitero incorporado, colgada con cintas de árbol bajo un toldo. Una tienda domo sencilla para tres, de una marca como Coleman, anda entre ₡70.000 y ₡90.000 nueva, y una familiar para seis de los mismos fabricantes ronda los ₡240.000. Las familiares son las que conviene buscar usadas: casi todas se arman una vez al año, y como la capa impermeable envejece se use o no, una usada se juzga por cómo se guardó, no por las noches que lleva.
Un sobretecho que llegue hasta el suelo:
importa más que el número de personas de la caja. En buena parte del país el aguacero cae en la tarde y sigue hasta entrada la noche, así que busque un sobretecho que baje por todos los lados, costuras selladas con cinta y un piso que suba por los bordes como una tina. Uno de unos 3.000 mm de columna de agua aguanta un temporal de verdad; las baratas muchas veces ni indican la cifra. La capacidad de la etiqueta es generosa: en una tienda para tres caben dos adultos con sus mochilas.
Sleeping bags, del Chirripó a la costa de Nicoya:
abarcan más de lo que la gente espera. Una noche en el refugio de Crestones, bajo la cima del Chirripó, puede bajar de cero grados, y quien sube lleva una bolsa preparada para eso; en la costa esa misma bolsa es insoportable y basta un forro de algodón. Fíjese en la temperatura de confort de la etiqueta, no en el límite inferior que muchas bolsas baratas imprimen en grande. La pluma ocupa menos, pero mojada deja de abrigar, por eso el relleno sintético es la apuesta segura con lluvia.
Cocinas de camping y mochilas de travesía:
son donde la compatibilidad hace tropezar. Los quemadores pequeños de montaña usan cartuchos de rosca, las cocinas de dos hornillas los cilindros verdes de propano y las de mesa latas delgadas de butano, así que confirme qué gas pide una cocina usada antes de pagarla. Una mochila de travesía se escoge por el largo del torso, no por la estatura; pruébesela cargada. Quien llega remando al campamento lleva bolsas secas y muchas veces un bote de kayak, y no pocos meten una caña, que va con el equipo de pesca.
Una tienda usada falla en la capa impermeable, las varillas y los zípers:
y las tres cosas solo se notan con la tienda armada, así que pida verla parada. Pase la mano por dentro del sobretecho y del piso: si la capa se siente pegajosa o huele a vinagre se está deshaciendo y va a gotear por más limpia que se vea. Corra cada zíper, busque fisuras en las varillas cerca de las uniones y ponga el piso a contraluz. Saque el sleeping bag de su funda y vea qué tan rápido se esponja; si se queda plano y con grumos, pasó años comprimido. Las mochilas de marca, sobre todo The North Face, se copian mucho, y las delatan las costuras flojas, los jaladores de zíper sin marca y un precio demasiado amable.
Su tienda, armada en el patio antes de anunciarla:
se vende sola con una foto. Ármela con el sobretecho puesto y fotografíe además de cerca el piso y los zípers. Cuente varillas y estacas, indique la capacidad de la etiqueta y mencione cualquier parche o varilla entablillada. En un sleeping bag, fotografíe la etiqueta de temperatura y diga si es de pluma o sintético. Quien venga desde Pérez Zeledón por una bolsa para frío va a querer sacarla y verla inflarse, así que déjela colgada y suelta un día antes, no apretada en su funda.