Paños De Cocina & Mantelerías

Compra y vende paños de cocina y mantelerías en Costa Rica.

Un camino de mesa boruca, tejido en telar de cintura, solo puede ser tan ancho como el cuerpo de la tejedora, y por eso va a lo largo del centro de la mesa en lugar de cubrirla. Piezas así se publican aquí nuevas y usadas, al lado del mantel estampado de todos los días y de los limpiones que secan los platos después de comer. Los manteles se escogen por medida, así que pídale al vendedor las dimensiones y una foto del mantel bien extendido antes de coordinar para recogerlo.

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Manteles según la tela, del plástico al lino:

la tela define cómo se porta un mantel después del primer derrame. El poliéster es el de batalla: sale de la lavadora sin arrugas y no pierde el estampado, pero se queda con la grasa, y la mancha de unos plátanos fritos suele quedarse. El algodón puro absorbe, se suaviza y aguanta agua caliente, aunque encoge y se arruga. El lino es lo más fino: pesado, fresco, mejor con cada lavada y arrugado si nadie lo plancha. Para el corredor o la mesa de los chiquitos, un mantel plástico se limpia de una pasada, y la tela antimanchas, tratada para que los líquidos queden en gotitas, es el punto medio hasta que el acabado se va con las lavadas.

Medir la mesa antes de escoger el mantel:

tome el largo y el ancho, o el diámetro si es redonda, y súmele una caída por lado: una cuarta para el diario y más larga para una cena formal. Un mantel rectangular en una mesa ovalada cuelga en picos, y uno redondo en una mesa cuadrada deja las esquinas al aire. Los individuales lucen una mesa de buena madera y se escogen para combinar con la vajilla.

Caminos e individuales boruca del telar de cintura:

las tejedoras de Boruca, cerca de Buenos Aires de Puntarenas, siembran e hilan a mano su algodón, lo tiñen con hojas, semillas, cortezas y caracol marino, y tejen en un telar amarrado a la cintura. Ese telar limita el ancho, y por eso el oficio da caminos, individuales y bolsos, no manteles enteros. Los tintes naturales piden lavado a mano en agua fría y secado a la sombra; una pieza que pasó por lavadora con agua caliente lo delata en colores lavados y disparejos.

Limpiones, tomaollas y delantales:

un limpión de algodón deja de soltar pelusa en los vasos tras unas lavadas, y uno de microfibra seca más hasta que el suavizante lo recubre. Los tomaollas y guantes de horno se juzgan por el relleno que les queda: uno quemado o gastado en la palma deja pasar el calor del mango, y el de silicón aguanta mejor una bandeja caliente. Las ollas van en ollas y sartenes. En un delantal, las tiras y las costuras de la bolsa son lo que cede antes.

Un mantel estampado de diario frente a un juego de lino:

un mantel estampado de poliéster o de mezcla para una mesa para seis personas cuesta entre ₡10.000 y ₡15.000 nuevo, y los limpiones son tan baratos que nadie los publica de uno en uno. Eso mantiene baratos los textiles de diario usados: un mantel estampado suelto se va por poco, o en paquete con sus servilletas. El valor está en el lino, en los caminos tejidos a mano y en los juegos completos de mantel con servilletas, porque reponerlos cuesta mucho más y aguantan años de lavadas.

Moho, dobleces y manchas amarillas en un mantel guardado:

un mantel que pasa el invierno doblado en un clóset en Limón o San Carlos puede salir con puntitos de moho grises o negros y olor a guardado. En algodón y lino cuestan mucho de quitar y el cloro debilita la fibra del lino. Extiéndalo completo con luz de día antes de acordar el precio. Lo amarillo en los dobleces viene de restos de comida que no se veían cuando lo guardaron sin lavar, y en el lino un doblez marcado por años en el mismo lugar puede adelgazar la fibra hasta abrirla. Póngalo contra una ventana para ver partes ralas y revise el ruedo y las esquinas.

Un mantel a la venta necesita sus medidas:

indique la medida del mantel y de la mesa donde se usaba, la tela según la etiqueta y cuántas servilletas trae. Fotografíelo extendido sobre una mesa para que se entienda el tamaño, y después la etiqueta y cualquier mancha de cerca, ya lavado y bien seco. Si el camino boruca se lo compró directamente a la tejedora, dígalo. Cuando llegue el comprador, deje el mantel doblado encima de la pila para que lo abra con buena luz y recorra los dobleces viejos.