Libros De Actividades Al Aire Libre
Compra y vende libros de actividades al aire libre en Costa Rica.
Una guía de surf que anduvo en la mochila de Tamarindo a Pavones le sigue sirviendo al próximo surfista, porque las olas que describe no se han movido de lugar. Son libros prácticos, nuevos y usados, hechos para llevarse al campo: guías de parques nacionales y caminatas, guías de ríos para quien hace rafting o kayak, mapas topográficos y manuales de campismo, nudos y orientación. Buena parte viene en inglés, porque la traen viajeros que la dejan al irse del país. Pregúntele al vendedor de qué edición es antes de acordar el precio.
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Guías de surf, de senderos y de ríos:
conviene separarlas por lo que uno va a hacer con el libro en la mano. Las guías de surf ubican picos, mareas y accesos playa por playa; la de Mike Parise, The Surfer’s Guide to Costa Rica, nació como una edición casera y terminó siendo un clásico entre los surfistas que recorren Centroamérica, de Nosara a Santa Teresa y más allá. Las guías de parques y senderos describen rutas como la subida al Chirripó desde San Gerardo de Rivas, y las de ríos clasifican los rápidos de ríos como el Pacuare y el Reventazón. Los manuales de campismo, nudos, lectura de mapas y primeros auxilios en el campo sirven en cualquier parte. Las guías de aves y ranas tienen su propio lugar en libros de animales, y un recetario para cocinar en la cocineta del campamento encaja mejor en libros de cocina.
Mapas y atlas para las montañas de Costa Rica:
la guía dice por dónde va el sendero y la hoja topográfica muestra cuánto sube. Las hojas 1:50 000 del Instituto Geográfico Nacional cubren todo el país y son la referencia para planear rutas en la cordillera de Talamanca, aunque a esa escala las curvas de nivel pueden esconder un paredón corto, así que conviene preguntar en la zona. El Mapa-Guía de la Naturaleza de Wilberth Herrera, bilingüe, junta la serie nacional de mapas con la descripción de cada área protegida, y es un título viejo que se consigue más fácil usado que nuevo. Un mapa doblado y desdoblado muchas veces se rompe por los dobleces: póngalo contra la luz antes de pagarlo.
Ediciones viejas y guías agotadas:
la edad pesa distinto según para qué sea el libro. Las descripciones de rutas, la clasificación de los ríos y la historia natural cambian despacio, así que una guía de senderos o de ríos vieja sigue sirviendo por años. Las páginas prácticas no: accesos, reservas, contactos y hospedajes se desactualizan en un par de ediciones y hay que confirmarlos antes de salir. Ahí está también la historia del precio. Una guía de viaje reciente en inglés se revende por buena parte de lo que costó, una de varias ediciones atrás vale muy poco, y los títulos especializados agotados, como la guía de parques nacionales de Joseph Franke o la de ríos de Michael Mayfield, solo aparecen usados y valen lo que le valgan a quien anda detrás de ellos.
Una guía que ya anduvo en la mochila:
lo deja ver en detalles que vale la pena revisar hoja por hoja. La lluvia y el agua del río dejan las páginas onduladas y pegadas, y un libro que se secó cerrado suele romperse al abrirlo. Los mapas desplegables y el bolsillo de mapas de la contraportada se pierden, y hay quien arranca las páginas de una región para cargar menos peso, así que cuente los mapas contra el índice. Las anotaciones molestan menos aquí que en una novela: una naciente marcada o un sendero tachado por cerrado pueden servir, siempre que estén en lápiz y se entiendan. Las ediciones de anillo o en papel resistente al agua aguantan la humedad mucho mejor que las de pasta suave pegada.
Guías y mapas de un viaje que ya terminó:
se venden mejor con los datos que no se ven en una foto pequeña. Ponga el título, el autor, la edición y el idioma, porque la misma guía en inglés y en español le llega a compradores distintos. Fotografíe la portada, la página legal y los mapas desplegables abiertos, y diga si falta un mapa o si arrancaron alguna sección. Quien se va del país suele querer salir, en la última semana, de una guía, unos mapas y un manual de campismo, y el paquete completo se mueve más rápido que los libros sueltos. Quien llegue a recogerlos a Puerto Viejo o a Pérez Zeledón debería abrir los mapas y revisar la edición antes de entregar la plata.