Acordeones
Compra y vende acordeones en Costa Rica.
Un acordeón de botones de tres hileras para norteña o vallenato y uno de teclas completo comparten el nombre y poco más: se aprenden distinto, se afinan distinto y conservan su valor por razones distintas. Los dos se consiguen nuevos y usados, igual que los de 12 bajos para niños y los V-Accordion electrónicos de Roland, que nunca necesitan afinar una lengüeta. El acordeón acompaña la música típica costarricense junto a la guitarra y la marimba desde hace generaciones, así que un acordeón de teclas viejo en venta suele ser de la familia y haber pasado años en un ropero. Pregunte cuándo se tocó por última vez antes de preguntar el precio.
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Acordeones de botones, de teclas y el V-Accordion electrónico:
el de botones es diatónico. Cada botón da una nota al abrir el fuelle y otra al cerrarlo, y eso le va bien a las corridas rápidas de la norteña, el vallenato y la cumbia, pero obliga a escoger el tono antes de comprar. El Panther, el Compadre y el Corona de Hohner comparten disposición: tres hileras de melodía y 12 bajos. El de teclas da la misma nota en los dos sentidos, con un teclado tipo piano para la mano derecha y botones de bajo para la izquierda, y se mide por esos bajos: el de 48 le sirve a un niño o a quien empieza, y el de 120 es el instrumento completo y pesa casi el doble. Los V-Accordion de Roland imitan los dos formatos en electrónico, con salida para audífonos y sin lengüetas que se desafinen. En un conjunto norteño, el acordeón va con un bajo sexto de guitarras, y quien viene de pianos y teclados va a reconocer enseguida la mano derecha del acordeón de teclas, pero no la izquierda.
Dos lengüetas por nota y el trémolo que producen:
la cantidad de juegos de lengüetas, lo que los músicos llaman voces, cambia el sonido más que cualquier acabado. El Panther lleva dos voces en la melodía y el Corona tres, y los que tienen registros permiten escoger qué juegos suenan. Si dos lengüetas de la misma nota se afinan apenas separadas, vibran una contra otra y dan ese sonido trémolo, como mojado, de la norteña; afinadas iguales, el acordeón suena seco y limpio. Cambiarla es trabajo de técnico, así que pregunte antes de comprar.
Del Panther al Anacleto, pasando por el acordeón sin marca:
el Panther es el diatónico de entrada de Hohner, y un Corona nuevo cuesta entre dos y tres veces más; por encima están la línea Anacleto y los italianos hechos a mano, que multiplican lo que vale un Corona. Los sin marca de tres hileras cuestan menos que un Panther, pero son difíciles de afinar y casi nadie los quiere de segunda mano. Un buen acordeón casi no se gasta tocándolo, y un Hohner usado que se guardó fresco y seco conserva casi todo su valor. Lo que lo rebaja es el trabajo pendiente, y solo un fuelle de repuesto se come una buena parte de lo que cuesta un Panther nuevo. Calcule el precio de uno usado por esa reparación, no por sus años.
Un acordeón usado que pasó años bajo un techo de zinc:
puede tener lengüetas flojas, porque cada una va pegada a su bloque con cera que el calor ablanda, y un carro al sol hace el mismo daño. Con el fuelle cerrado y sin tocar nada, ábralo y ciérrelo: no debe oírse aire ni una nota débil. Toque cada botón o tecla en los dos sentidos y en cada registro. Una nota que zumba o no suena suele ser una lengüeta despegada de la cera, y una que suena agria junto a sus vecinas está desafinada. Revise las esquinas metálicas del fuelle y la cinta del borde inferior, que la hebilla de la faja gasta, y presione cada bajo. Compare el logo, la placa de serie y la parrilla con fotos del modelo que dice el vendedor: un acordeón sin marca con forma de Corona sigue siendo un acordeón sin marca.
El tono y la correa del fuelle cuando un acordeón cambia de dueño:
empieza por el título, porque los músicos buscan por modelo y por tono, y para ellos un Corona en Sol y el mismo en Fa son instrumentos distintos. Agregue las voces y los registros, cuándo se afinó por última vez y cualquier trabajo en lengüetas o fuelle, que quien toca oirá de todos modos. Fotografíe la parrilla, el lado de los bajos y el fuelle bien abierto. Quien viaje desde San Ramón hasta Liberia por un Corona querrá diez minutos tranquilos con las correas puestas, y cerrado el trato, abroche la correa del fuelle antes de subirlo al carro: un acordeón que viaja suelto se puede abrir y forzar los pliegues.