Software

Compra y vende software en Costa Rica.

El software que pasa de mano en mano casi siempre es una licencia y no un disco: una clave de Windows para salir de la edición Single Language que traía la laptop, una tarjeta de Office todavía cerrada, una caja de antivirus que nadie llegó a instalar. Hay licencias nuevas y usadas, y lo que las separa es si el código ya se digitó alguna vez. Los programas viejos en caja todavía le sirven a quien mantiene andando una computadora vieja. Si estudia en la UCR, revise su cuenta universitaria antes de pagar por Office: toda la comunidad universitaria puede sacar Microsoft 365 con ella.

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Windows Home Single Language y la clave que le suma otro idioma:

muchas laptops que se venden en Latinoamérica traen esta edición, que muestra un solo idioma y no deja agregar otro desde la configuración. Quien compró una máquina en español y trabaja en inglés, o se trajo una de Estados Unidos y la quiere en español, sale mejor con una clave completa de Home o Pro que con un truco, y es de las pocas razones por las que el dueño de una laptop compra Windows aparte. La edición aparece en Configuración, Sistema, Información; al revisar laptops, prefiera los anuncios que la indican. Pro le suma a Home el cifrado BitLocker y el escritorio remoto. Una clave de caja se puede llevar a la próxima computadora; la clave OEM que el armador le pone a una torre de las computadoras de escritorio se queda con esa torre.

Office de pago único o Microsoft 365 por año:

Office Hogar, el de pago único, trae Word, Excel y PowerPoint para una computadora y nunca pide renovación, pero no recibe funciones nuevas y no incluye Outlook, que viene en Hogar y Empresas. Microsoft 365 es una suscripción: las mismas aplicaciones siempre actualizadas en varios dispositivos, con almacenamiento en la nube, y un plan Familia para compartir en la casa. Si estudia, pruebe primero su correo institucional: la cuenta de la UCR cubre Microsoft 365, y Microsoft le da a muchos centros educativos un Office gratuito solo para la web. Office Hogar de pago único cuesta unos ₡90 000, mientras que Microsoft 365 Personal anda por ₡55 000 al año y Familia por ₡65 000 al año para hasta seis personas. Para alguien que escribe documentos y los guarda en la compu, la licencia única sale más barata que dos años de suscripción. De segunda mano, una tarjeta que llegó de regalo y nunca se abrió vale casi lo mismo que en el estante, porque no tiene nada que envejezca. Ya canjeado, el código queda en la cuenta Microsoft de alguien y no le sirve a nadie más.

Cajas de antivirus que corren contra reloj:

una licencia de ESET, Kaspersky, Norton o Bitdefender cubre un número fijo de dispositivos por un plazo fijo, y el plazo arranca al activarla, no el día en que se compró la caja. Una caja sellada es una licencia completa. Una activada solo trae los meses que le quedan, y suele estar en la cuenta del vendedor en el sitio del fabricante, así que pregunte si se la pueden liberar antes de pagar por lo que resta.

Una tarjeta sellada frente a una activación por acceso remoto:

una tarjeta con la franja para raspar intacta, en un empaque sin abrir, es la única licencia que se puede juzgar a simple vista. Desconfíe del vendedor que, en vez de una clave, ofrece conectarse a su computadora para activarle Windows u Office. Eso es un activador, no una licencia: las actualizaciones de Microsoft los han ido desactivando, y ese programa es una entrada frecuente de malware. Un Photoshop, un Illustrator o un AutoCAD reciente “de por vida” tampoco es original, porque Adobe y Autodesk los venden solo por suscripción; Photoshop Elements es el de Adobe que aún se compra de una vez. Las cajas viejas como Creative Suite 6 sí son licencias perpetuas, pero ya no reciben actualizaciones y no se instalan en una Mac reciente.

Pasar una licencia que nunca canjeó:

copie el producto, la edición y el idioma tal como vienen impresos en la caja, por ejemplo Windows Pro en USB en español u Office Hogar y Empresas, y en un antivirus cuántos dispositivos cubre y por cuánto tiempo. Fotografíe el frente, el reverso y la franja sin raspar. Si el antivirus ya está activado, abra la cuenta del fabricante cuando se reúnan, para que el comprador vea los días que quedan y cómo se libera. Un estudiante de San Pedro que compró una tarjeta de Office antes de enterarse de que la UCR ya lo cubría es el vendedor típico, y quien pague casi el precio de estante por una tarjeta sellada va a preguntar dónde se compró, así que guarde la factura con ella.