Ayudas de Movilidad
Compra y vende ayudas de movilidad en Costa Rica.
Las muletas que quedaron en el clóset cuando quitaron el yeso, el bastón que se compró para unas semanas después de una operación de rodilla, la andadera con asiento que acompañó un año de vueltas lentas a la cuadra: estas ayudas casi siempre duran más que la necesidad, y por eso vale la pena buscarlas usadas además de nuevas. Junto a ellas van las sillas de ruedas, las eléctricas y los scooters. En Costa Rica la calle decide tanto como quien las usa: aceras quebradas, caños hondos y cuestas largas castigan las ruedas pequeñas y los frenos flojos.
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Bastones, muletas y andaderas reparten el peso de distinta forma:
el bastón sirve sobre todo para el equilibrio, y el de patas se queda parado solo junto a la silla. Las muletas aguantan mucho más. Las axilares son lo usual para unas semanas después de un esguince o una fractura, y quien las usa por años suele preferir las de antebrazo, con un aro en el brazo, que no castigan la axila. La andadera sin ruedas se levanta en cada paso: es lenta, pero la más firme de todas. Con ruedas en todas las patas, frenos de mano y asiento se vuelve una andadera tipo rollator, para quien camina bien pero necesita pararse a descansar en el camino.
Sillas de ruedas, sillas eléctricas y scooters se diferencian en quién empuja:
la autopropulsable tiene ruedas traseras grandes con aros para moverse sola, y la de transporte lleva ruedas pequeñas, necesita a alguien detrás y pesa menos para meterla en un taxi. La silla eléctrica se maneja con un joystick y gira en poco espacio, así que sirve dentro de la casa; el scooter se dirige con un manubrio, abre mucho al girar y es para la calle más que para una cocina estrecha. Las camas de hospital y las grúas están en equipo médico para el hogar, al lado, dentro de médico y movilidad.
Ruedas pequeñas contra aceras ticas:
escoja según el camino que de verdad va a recorrer. Una andadera de ruedas chiquitas rueda bien sobre cerámica y se frena en seco en una acera quebrada o en el borde de un caño: para salir de la casa conviene la de ruedas grandes, aunque pese más. Las llantas sólidas de una silla de ruedas nunca se desinflan pero pasan cada hueco directo al asiento; las de aire van más suaves sobre concreto roto y calles de lastre. Un scooter que anda tranquilo en lo plano de Cañas o Santa Cruz puede quedarse corto en las cuestas de Atenas o Escazú. Después revise el calce: el peso máximo de la etiqueta, el ancho del asiento contra las caderas y puños que se ajusten a la altura de la muñeca.
La andadera cuesta poco, la silla eléctrica mucho:
una andadera tipo rollator con asiento y frenos anda entre ₡50.000 y ₡70.000 nueva, y una usada tiene que estar limpia, completa y claramente más barata para competir. Las sillas eléctricas y los scooters juegan en otra liga, muchas veces por encima del millón de colones nuevos, y en uno usado buena parte del precio depende de la batería. Si todavía aguanta una salida completa, vale lo que se paga; si se muere a medio camino, hay que comprar otra antes de usarlo, y eso se rebaja del precio.
Puntas de hule, cables de freno y rodines en una ayuda usada:
son lo que se gasta, y revisarlo no cuesta nada. La punta de hule del bastón o de la muleta tiene que conservar el dibujo, y los botones de altura deben asomar completos por su agujero sin que nada baile. En la andadera, baje cada freno a la posición de parqueo: la rueda tiene que quedar trabada, y un cable flojo o deshilachado habla de mucho uso. En la silla de ruedas, busque llantas rajadas, rodines delanteros que vibran al empujarla con prisa, y que estén los reposapiés y apoyabrazos. Lo eléctrico, manéjelo en la calle, pregunte cuándo se compró la batería y cuánto anduvo con la última carga, y confirme que el cargador es el original.
Muletas después de una recuperación, scooters después de años:
quien compra casi siempre escoge para otra persona: indique el peso máximo, el ancho del asiento, el rango de altura de los puños y la medida plegada, y diga qué llantas trae. Fotografíe de cerca las puntas, los frenos y las llantas, y en una silla eléctrica, la batería con su fecha y el cargador. Muletas y bastones de una recuperación corta se pasan fácil a otra persona, con puños y almohadillas lavados. Quien viene desde Palmares va a preguntar si puede traer a la persona que lo va a usar para probar la altura, y lo mejor es decirle que sí.