Motos En Venta

Compra y vende motos en venta en Costa Rica.

Una Honda CGL 125 con la caja de reparto atornillada a la parrilla y una KTM 890 Adventure que solo conoce un viaje a la península de Osa terminan en el mismo lugar, nuevas de agencia o usadas de manos de quien ya no las monta. Son motos completas, del scooter automático a la grande de turismo, de gasolina o eléctricas. Buena parte de los chuzos de 125 y 150 cc cambian de dueño por el trabajo de express, que suma kilómetros muy rápido, así que la historia de la moto pesa tanto como el año. En las motos grandes, el precio suele dejar los colones y pasar a dólares.

Motos de trabajo, scooters y las grandes que siguen:

lo que más rueda en Costa Rica es una monocilíndrica de 110 a 150 cc haciendo un trabajo. Una moto de trabajo como la Honda CGL 125 o la Yamaha YS 125 es de cambios, erguida y con parrilla, y es la que desgastan los repartidores de express y los mensajeros. Los scooters como la Honda Navi o la Elite cambian la palanca por una transmisión automática y espacio bajo el asiento, justo lo que pide la presa de Alajuela o Heredia. Las naked como la Honda CB190R sueltan la parrilla a cambio de manejo, montañeras y pandilleras completan la gama pequeña, y de 300 cc para arriba aparecen las de aventura y turismo, como la Honda NX500 o una BMW GS. Si la moto necesita algo antes de rodar, busca en moto repuestos o en la sección de motocicletas.

Una 125 de trabajo, un scooter o algo más grande:

la ruta que haces pesa más que el catálogo. Una 125 gasta poco y se parquea en cualquier lado, pero con acompañante en las cuestas hacia Zarcero se queda sin aire, y una 150 o 200 cumple sin sufrir. El scooter es la moto más cómoda para la ciudad, pero sus aros pequeños sienten cada hueco y no va a gusto mucho rato a velocidad de autopista en la Ruta 27. Si vas seguido a la playa, te conviene una de 250 a 500 cc, que viaja holgada sin ir exprimida.

Colones para la de trabajo, dólares para la de 500:

las motos pequeñas nuevas se cotizan en colones, desde unos ₡650.000 por una de trabajo de marca económica hasta alrededor de ₡1,4 millones por una de carga japonesa. Desde unos 300 cc muchas agencias pasan a dólares, y una de aventura mediana supera los $10.000, mientras otras marcas siguen cotizando esa misma clase en colones, así que convierte antes de comparar. En el usado, las japonesas pequeñas sostienen su precio con terquedad, porque se paga por repuestos que hay en cualquier pueblo. El ahorro de verdad está más arriba: una pandillera o una moto de turismo de 650 a 800 cc, con años pero bien cuidada, cambia de manos entre ₡2 y ₡4 millones, más o menos lo que cuesta una 300 nueva.

Kilometraje de express, golpes y el título:

la historia de una moto de trabajo se ve si sabes dónde mirar. Huecos de tornillos en la parrilla por una caja de reparto, un asiento hundido de un lado y un odómetro demasiado bajo para lo cansada que se ve delatan trabajo de express, que suma kilómetros mucho más rápido que ir y venir de la oficina. No la descarta, pero debe notarse en el precio. Raspones en las puntas del manubrio y las manetas, o espejos que no hacen juego, delatan una caída; mira la horquilla de frente para ver que esté recta y no sude aceite. Arráncala en frío, fíjate si bota humo azul y acelera fuerte en un cambio intermedio: si suben las revoluciones y la moto no avanza, el clutch patina. En una eléctrica, pregunta la edad de la batería, ruédala hasta que baje el indicador y confirma que el cargador va incluido. Los números de chasis y motor grabados en la moto deben coincidir con el título, sin marcas de lima ni pintura fresca alrededor, y el nombre que aparece debe ser el de quien vende. Una moto comprada a crédito puede seguir con prenda, y eso sale en una consulta al Registro.

Una moto que hizo express o una de paseo de domingo:

dilo en el anuncio, porque el comprador lo va a notar igual. Pon modelo, año, cilindrada y kilometraje en el título, y fotografía ambos lados, el odómetro, las dos llantas, los números grabados y cualquier raspón que conozcas. Menciona mantenimientos, kit de arrastre o llantas nuevas, y cualquier caída o reparación de motor, y ten el título y los papeles al día a mano para que nadie dude del negocio. Quien viaja desde Puntarenas o Nicoya a verla va a pedir arrancarla en frío, así que no la toques esa mañana y deja que la oiga encender.