Moda Niña

Compra y vende moda niña en Costa Rica.

Un curso de ballet en el Taller Nacional de Danza o en una escuela municipal de artes puede salirle casi gratis a una familia, pero el leotardo, las medias rosadas y las zapatillas igual hay que comprarlos, y una chiquita que sube de nivel o pega el estirón los vuelve a necesitar en pocos meses. Aquí se anuncian ropa, zapatos y accesorios para niñas que ya dejaron las tallas de bebé y todavía no usan tallas de dama, nuevos con etiqueta o usados, y el equipo de danza es justo donde se juntan los tres.

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Leotardos, zapatillas y el bolso de danza, cada uno en su rama:

el equipo de ballet de una chiquita se reparte entre las tres ramas de la moda niña. El leotardo, las medias, el suéter cruzado y el tutú van en ropa de niña, junto al uniforme de la escuela y el vestido de primera comunión. Las zapatillas y las puntas van en zapatos de niña, y la redecilla del moño, los pasadores y el bolso donde se carga todo en accesorios de niña. Las zapatillas de lona blancas o negras que usan los varones de la misma clase aparecen también en moda niño.

Las clases de ballet en Costa Rica y el equipo que piden:

muchas veces la clase es lo más barato. El Taller Nacional de Danza, en Barrio Escalante, tiene cursos de ballet para niñas y niños, la escuela municipal de artes de Escazú lo enseña por niveles y el Ballet Nacional abrió ahí un programa preprofesional gratuito para chiquitos más grandes. Aun así, la profesora define el equipo, a veces hasta el color del leotardo por nivel: pregúntele antes de comprar. A las principiantes casi siempre les piden zapatillas de cuero de suela completa, que hacen trabajar más el pie y duran más; la suela partida de lona llega después, cuando la profesora la pide. La zapatilla debe quedar ajustada, con los dedos planos y sin espacio para crecer, y su número casi nunca coincide con el del zapato de calle y cambia entre modelos, así que mejor que se la mida. El leotardo se escoge por la medida de torso, del hombro por entre las piernas y de vuelta al hombro, no por la edad de la etiqueta. Un leotardo liso de niña arranca en poco más de ₡10 000 nuevo y las medias rosadas de ballet cuestan más o menos la mitad, así que un leotardo usado ahorra poco por sí solo y bastante más si viene con las medias del color que pide el nivel. La plata de verdad está en lo que se compra una vez y se queda pequeño rápido: las zapatillas de cuero Bloch o Capezio y los vestuarios de presentación hechos para una sola función, que pueden costar más que todo el equipo de clase junto y muchas veces vuelven casi sin uso.

Leotardos, zapatillas y puntas de segunda mano:

cada pieza se gasta en su propio lugar. En el leotardo, estire las aberturas de las piernas: si el elástico se queda ondulado ya no sirve, y la tela brillante o delgada atrás delata muchas horas sentada en el piso del salón. Voltee la zapatilla y revise bajo la planta y el dedo gordo, donde empiezan los huecos, y fíjese si los elásticos se volvieron a coser, señal de que ya pasó por varias niñas. Esponje el tul del tutú con la mano: si las capas siguen aplastadas, casi nunca vuelven a abrirse bien. Las puntas son lo único que no conviene comprar usado. Se ajustan al pie de una sola bailarina, y la caja y la plantilla se ablandan con el baile, así que un par usado rara vez le sirve a otra; el que vale la pena es el que nunca salió de la caja, en la talla y el modelo que aprobó la profesora.

Vestuarios de presentación, zapatillas que ya no le quedan y el resto del bolso:

se venden mejor en juego que por piezas. Indique el nivel o curso y el color del leotardo, la medida de torso, y la marca, modelo y talla de la zapatilla, con suela completa o partida. Fotografíe las zapatillas por debajo y el leotardo extendido con luz de día, que muestra el color real. Un vestuario de presentación sale mejor poco después de la función, completo con su tocado y sus medias, mientras el grupo siguiente todavía busca. Una mamá que viene desde Moravia a recogerlo para la función de otra academia va a querer el pecho y el torso medidos sobre el vestuario mismo, porque los trajes de escena muchas veces se cosen a la medida de una niña y no traen etiqueta de talla.