Animales De Peluche

Compra y vende animales de peluche en Costa Rica.

El osito que vive en la misma cama desde que su dueña era chiquita, el oso más alto que un niño que quedó de algún Día del Amor y la Amistad, la bolsa de Beanie Babies que juntó una prima: aquí pasan de una casa a otra los peluches con forma de animal, nuevos y usados. En la mayoría, lo que define cuánto valen es el tamaño, el relleno y si conservan las etiquetas. Unos pocos, como un Steiff viejo con el botón aún en la oreja, valen mucho más de lo que aparentan. Los peluches redondos de personajes, como los Squishmallows, están un nivel más arriba.

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Ositos, osos gigantes y animales realistas:

cada uno tiene su público. El osito de siempre, de cuerpo suave y carita bordada, anda de arriba abajo hasta que se le gasta el pelo. El oso gigante se regala a la novia o a la mamá y pasa la vida sobre una cama o en una esquina. Los perros, caballos y felinos realistas, con pelo pintado a aerógrafo y proporciones de verdad, conquistan al niño que quiere una mascota. Después vienen los de colección: los osos articulados de mohair de fabricantes como Steiff y los pequeños Beanie Babies de Ty, rellenos de bolitas, que hace una generación se compraban por cajas y aún aparecen en bolsas. Los personajes y los peluches caricaturescos están en peluches.

Mohair, pelo de poliéster y el relleno por dentro:

para un niño, escoja un oso que aguante la lavadora, de pelo corto y tupido que resista el piso y relleno de poliéster que seque rápido. Los rellenos de bolitas lucen bien en una repisa, pero no aguantan agua caliente. Para los primeros peluches de un bebé, vea juguetes para niños pequeños. Los osos de mohair o alpaca son otra historia: articulados en la cabeza, los brazos y las piernas para poder posarlos, con nariz cosida a mano y a veces un gruñidor que suena al inclinarlo. Se guardan, no se lavan, y solo se limpian por encima. Un oso gigante que no cabe en una lavadora de casa solo se limpia a mano por partes, y el pelo claro va mostrando cada mes de polvo.

El oso gigante después del Día del Amor y la Amistad:

en Costa Rica casi todos los osos gigantes se compran justo antes de San Valentín o del Día de la Madre, y unos cuantos reaparecen meses después, cuando el cuarto necesita el campo o se acabó la relación detrás del regalo. Por eso uno usado recupera solo una parte pequeña de lo que costó: el primer dueño pagó por el momento; el siguiente paga por un peluche enorme que necesita una esquina. El pelo limpio y sin decolorar y el lazo original suben el precio; anunciarlo semanas antes de cualquiera de las dos fechas es lo que lo vende.

El botón de Steiff, la etiqueta de los Beanie Babies y un oso cansado:

un Steiff auténtico lleva en la oreja un botón de metal con una banderita de tela cuyo color indica la línea: amarilla con letras rojas para la gama más suave de juego, crema para los diseños clásicos y otra distinta para las ediciones limitadas numeradas, que son las únicas que traen certificado. Si tiene el agujero en la oreja pero no el botón, lo perdió, y no se puede reponer: vale mucho menos. Con los Beanie Babies pasa lo contrario. La etiqueta de corazón y la cosida en la costura indican la generación de cada uno, pero un error de imprenta en la etiqueta no lo vuelve raro, y esos precios famosos son lo que alguien pide, no lo que alguien pagó. El oso Princess, morado y con la rosa blanca, es el más copiado. En cualquier oso, revise la cara y las patas, donde el pelo se gasta primero, apriételo para notar si el relleno está aplastado o con grumos, mire las costuras del cuello y los brazos, y huélalo de cerca: los años en un clóset cerrado dejan un olor a guardado que una lavada difícilmente quita.

Cómo anunciar un oso por su altura y su historia:

indique la altura y si la midió de pie o sentado, porque sentado un oso gigante ocupa mucho menos sillón. Fotografíelo junto a una puerta para que se entienda el tamaño. Si es de colección, muestre el botón, la etiqueta de la oreja y las costuras, y cuente lo que sepa de su origen: un Steiff que fue de la abuela es otro anuncio que uno que apareció en una caja de juguetes. Diga si ya se lavó. Quien venga desde Moravia o Cañas a recoger un oso de ese tamaño debería traer el asiento de atrás libre y una sábana limpia para envolverlo: el pelo agarra polvo y lluvia entre la puerta y el carro.