Abanicos

Compra y vende abanicos en Costa Rica.

En Costa Rica se le dice abanico, sea el que está al lado de la cama, el que gira despacio sobre el comedor o el que ruge en el piso de un taller. Nuevos y de segunda mano, van desde el de pie que se lleva de un cuarto a otro hasta los de techo con aspas y lámpara, y los industriales que mueven el aire de un garaje o un gimnasio. El de techo es el que más hay que pensar, porque en una casa con cielo raso de PVC o de gypsum la pregunta no es solo cuál comprar, sino de dónde se va a colgar.

Por ahora no hay anuncios activos en Abanicos.

Abanicos de pie, de torre y box para el piso:

el de pie sigue siendo el caballo de batalla. Tira el aire más lejos y sus aspas se desmontan para lavarlas. El de torre ocupa una tira de piso y hace menos ruido, pero mueve el aire con un tambor largo en vez de aspas, y el polvo se acumula donde no se llega sin abrir la carcasa. El box rinde en una ventana, metiendo el fresco de la noche o sacando el calor de la cocina. El de pared sirve en un dormitorio angosto o detrás del mostrador de una soda, y los industriales de aspas metálicas, para un taller en Orotina o un salón comunal en Santa Cruz.

Abanicos de techo y el cielo raso del que cuelgan:

uno de techo con aspas mueve todo el cuarto desde un solo punto, pero pesa y vibra. En muchas casas ticas el cielo raso es de tablilla PVC o de gypsum colgado bajo la lámina, y esa piel delgada no aguanta un abanico. La base tiene que ir atornillada a la estructura de arriba, a una cercha o a una pieza firme fijada entre ellas. Las aspas deben quedar al menos a 2,1 metros del piso; con techo bajo, escoja un modelo pegado al cielo o uno de los orbitales de 16 pulgadas que se venden como abanicos de techo, que oscilan desde una base sin aspas largas.

Diámetro, motor DC y un abanico para el corredor:

el tamaño va con el cuarto: unas 42 pulgadas para un dormitorio pequeño, 52 para una sala, y mejor dos que uno gigante en un espacio largo. El de motor DC gasta mucha menos luz, es más silencioso y trae más velocidades, pero solo obedece a su control y su receptor; el de motor AC con cadena o interruptor de pared es más sencillo de usar y de reparar. Para un corredor abierto o un rancho en Sámara, compre uno clasificado para lugares húmedos o mojados: las aspas de aglomerado para interior se hinchan y se pandean tras una temporada de lluvia de lado. Un abanico solo mueve el aire: los deshumidificadores le sacan el agua a un cuarto que huele a encerrado, y solo los climatizadores lo enfrían.

Lo que vale un abanico de techo frente a uno de pie:

uno de pie o de torre anda entre ₡15.000 y ₡40.000 nuevo, así que uno usado debe estar barato y cerca para que valga el viaje. Uno de techo con aspas y lámpara ronda más bien los ₡60.000 a ₡110.000, sin contar al electricista, y usado conserva mucho más de ese valor si viene completo: la campana, la lámpara o el control que falten son justo lo que después cuesta conseguir.

Bamboleo, oscilación y polvo en un abanico usado:

ponga el de techo en alta y obsérvelo. Un bamboleo leve se corrige con el clip de balanceo de la caja; uno fuerte suele ser un soporte de aspa doblado o aspas de otro abanico, porque las aspas se pesan y se venden como juego. Deje que el de pie oscile de un extremo al otro: si hace clic o se traba a medio camino, el engranaje de la cabeza está barrido. En el de torre, alumbre por las ranuras: un tambor forrado de polvo gris huele a caliente y sopla débil. Los sin aspas que se venden como Dyson se copian hasta la calcomanía de serie; uniones disparejas y una base liviana que suena a hueco delatan la copia.

Cómo bajar un abanico de techo para venderlo:

casi todos salen en una remodelación, cuando se cambia un cielo raso en Heredia o una soda en Atenas renueva el local. Al desatornillarlo, guarde en una bolsa la base, la campana, los tornillos y el kit de balanceo, y fotografíe la etiqueta de encima del motor para que el comprador vea el modelo, el diámetro y el tipo de motor. Diga si va con cadena, control de pared o remoto, y si incluye la lámpara y el tubo de extensión. Quien lo recoja debe llevar las aspas planas y amarradas como un juego, para que lleguen al próximo cielo raso parejas y derechas.