Arte

Compra y vende arte en Costa Rica.

Un óleo pintado en un taller de Escazú, un bronce que cabe en un estante, una vasija chorotega pulida a mano en Guaitil y una fotografía firmada de un tiraje numerado caben aquí, nuevos y usados, junto con dibujos, xilografías y litografías. En Costa Rica casi todo lo que cuelga de una pared se llama cuadro, y con esa palabra se confunde un original con un lienzo impreso de mueblería. Casi todo el valor está en esa diferencia, así que un buen anuncio dice la técnica y el material, el artista, la medida de la obra y, si es un grabado o una foto, el número de tiraje escrito a lápiz.

Un óleo sobre lienzo frente a un giclée de la misma pintura:

de lejos pueden verse idénticos, aunque sus precios no se parecen en nada. Un giclée es una impresión de inyección de tinta, a veces sobre lienzo, a veces con pinceladas de gel transparente encima para fingir textura. Con una lupa, la impresión se deshace en puntitos de tinta; la pintura nunca. Un original pequeño de un pintor costarricense en activo arranca en unos ₡100.000 comprado al artista, y un giclée de la misma imagen cuesta una fracción. Al revender se separan: un original de un nombre poco conocido rara vez recupera lo que costó, porque ese precio incluía la comisión de la galería, mientras que una impresión vale más o menos lo que su marco.

Xilografías y litografías de la Generación de los Treinta:

el grabado tiene aquí raíces más hondas de lo que se cree. Francisco Amighetti, Francisco Zúñiga y otros de esa generación aprendieron por su cuenta la xilografía, y Zúñiga, que después se radicó en México, hizo litografías en tirajes firmados y numerados que todavía circulan. Un grabado estampado a mano es una obra original: lleva firma a lápiz, un número de tiraje escrito como fracción o las letras P/A de prueba de artista. Un afiche offset de esa imagen es plano, con firma impresa y una trama regular de puntos bajo la lupa. Se valoran por el nombre, el tiraje y el estado del papel, no por el tamaño, así que pregunte si queda la factura de la galería o el catálogo.

Escultura, cerámica de Guaitil y fotografía de autor:

una pieza en volumen o una foto se juzgan con otras pistas. Un bronce se siente frío y pesado, y suele llevar la firma y a veces la marca de la fundición en el metal; una resina pintada para imitarlo es tibia y liviana. La cerámica chorotega de Guaitil y San Vicente, en Guanacaste, se hace con barro de la zona, se pinta con curiol y se pule a mano, así que su brillo es suave y parejo; la imitación casi siempre lo saca de una capa de barniz. Una fotografía que se vende como obra va firmada y numerada igual que un grabado, y sin eso una foto enmarcada es solo decoración.

Un lienzo se revisa primero por detrás:

déle vuelta antes de mirar la imagen. Un bastidor de madera con cuñas en las esquinas se puede tensar cuando la tela se afloja; uno barato engrapado no. Por delante, busque grietas que se levantan en los bordes y faltantes de pintura. Una línea café justo dentro de la ventana del paspartú indica un cartón ácido que está quemando el papel, y el exceso de luz apaga los colores, así que una lámpara LED para cuadros de iluminación la trata mejor que una ventana. En una vasija, busque por dentro y en el borde un desportillado tapado con pintura o una pegada. La madera tallada y los marcos viejos se revisan por comején: huequitos frescos y montoncitos de polvillo como arena debajo significan que sigue adentro, y hay que tratarla antes de meterla a la casa.

Fotos de un cuadro o una escultura para la venta:

tome el cuadro de frente, con luz de día y en escuadra con la cámara, y sin flash, porque rebota en el barniz y en el vidrio y esconde el color. Una escultura o una vasija necesita todos sus lados y la base. Agregue acercamientos de la firma, el tiraje y los daños, dé la medida de la imagen y la medida con marco por separado, y diga la técnica sin rodeos, porque un anuncio que solo dice «original» deja al comprador adivinando. Aclare si lleva vidrio, que pesa y se quiebra, porque quien viene desde Liberia o Pérez Zeledón querrá saber si cabe en el carro. Mencione también un buen marco de madera: los viejos los reutiliza quien anda buscando espejos. Mucho de lo que cambia de manos sale de una casa que una familia está desocupando, y ahí es donde la xilografía del pasillo resulta estar firmada y numerada. Antes de ponerle precio de afiche, muéstresela a alguien que sepa de grabado.