Alfombras

Compra y vende alfombras en Costa Rica.

Casi todas las casas ticas tienen cerámica o porcelanato de la puerta al patio, así que la alfombra suele ser lo único suave bajo los pies: una grande para marcar la sala, una de pasillo larga y angosta, una pie de cama al lado de la cama. La de la entrada, de fibra de coco o de hule, aquí se llama tapete, y las de baño van con ellas. Hay nuevas y usadas, desde polipropileno de máquina hasta yute, lana y alguna anudada a mano. Antes de enamorarse del diseño, pregunte si cabe en la pila o necesita lavado profesional, porque de eso depende cómo se verá en un año.

La alfombra bajo las patas delanteras del sofá:

es la que hace que una sala se vea terminada. Se mide por los muebles y no por el cuarto: con el frente del sofá y de los sillones encima, todo se lee como un conjunto en vez de muebles flotando alrededor de un tapetito. La pie de cama va al lado de la cama, las largas y angostas sirven en el pasillo y la cocina, y el tapete de coco o de hule de la entrada está para limpiar zapatos. Se escoge junto con los cojines y las cortinas del mismo cuarto: lleve una foto de ellos cuando vaya a verla.

Alfombras hechas a máquina y lana anudada a mano:

están en los dos extremos. Las de máquina, de polipropileno o poliéster, aguantan derrames y cuestan poco, pero en unos años se aplastan por donde pasa la gente. Una tufting, tejida con pistola, lleva una tela pegada por detrás, y el látex de abajo se reseca con los años. La lana anudada a mano se recupera de las marcas de los muebles y disimula bien la suciedad. Las tejidas planas, desde las de algodón hasta el yute y los kilims, no tienen pelo y muchas se pueden voltear. Las shaggy son suaves y se tragan todo lo que les cae.

Una alfombra sobre porcelanato:

se corre cada vez que alguien le pisa el borde, y así se levantan las esquinas y la gente se tropieza. Una base antideslizante delgada, un poco más pequeña que la alfombra, resuelve las dos cosas. El lavado decide lo demás. Las de algodón, las de baño y las sintéticas pequeñas van a la lavadora o se restriegan en la pila y se secan en la cuerda. Una grande de pelo o de lana no se empapa así: se lava en la casa con máquina de inyección y succión, así que pregunte cómo se lavó la última vez. El yute es el difícil: suelta fibra y el agua le deja manchas cafés que no salen, así que lejos de la cocina y del baño.

La alfombra usada que todavía vale:

depende de lo que costó nueva. Una sintética hecha a máquina con tamaño de sala anda entre ₡25.000 y ₡45.000 en las grandes tiendas, y una de yute de medida parecida, cerca del doble. Con las nuevas tan baratas, una de polipropileno usada tiene que salir bastante más abajo para venderse, porque ya trae el pelo aplastado y nadie sabe qué se le derramó encima. La lana, las anudadas a mano y las buenas tejidas planas son otra historia: cuestan varias veces más nuevas y, bien cuidadas, duran más que el sofá para el que se compraron.

El revés de una alfombra de segunda mano:

dice casi todo. Una cuadrícula perfectamente pareja por detrás y un fleco cosido después indican que es de máquina, diga lo que diga el anuncio sobre Persia; en una anudada a mano el diseño se ve casi igual de claro por el revés, algo irregular, y el fleco es la punta de los hilos de la urdimbre. Doble una esquina de una tufting: si cruje o suelta un polvillo, el látex ya se fue y los mechones empezarán a salirse. Huela el revés y no el frente, y en un cuarto oscuro pásele una linterna UV, porque los orines viejos de mascota brillan donde el pelo los esconde. Fíjese en el lado desteñido que daba a la ventana y en los bordes pelados de la lana, que pueden ser polilla.

Medir una alfombra para el anuncio:

es tomar los dos lados en centímetros con cinta, porque la etiqueta suele redondear. Copie la composición de la etiqueta de atrás. Fotografíela extendida, con luz de día y desde arriba; luego el revés, las esquinas y el pelo por donde se caminaba. Cuente si en la casa había mascotas o fumadores, cómo se lavó la última vez y si la base antideslizante va incluida. Enróllela en vez de doblarla y amárrela en las dos puntas. Quien viene desde Ciudad Quesada y ve en el anuncio cuánto mide enrollada sabe antes de salir si cabe atravesada en el asiento de atrás o va en el techo.