Cochecitos

Compra y vende cochecitos en Costa Rica.

El coche sombrilla que se cierra como un paraguas y queda colgado en la cochera, el compacto que lo acompaña hasta la puerta del avión en el Juan Santamaría, el de correr con llantas de aire: coches para bebé nuevos y usados, desde los primeros paseos acostado hasta el chiquito que ya se quiere bajar a empujarlo. En buena parte del país un coche pasa la vida esquivando el aguacero de la tarde, así que el plástico de lluvia y una capota que se seque sin mancharse pesan tanto como el chasís. Casi todas las familias lo usan un par de años y después se lo pasan a otra.

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Del coche sombrilla al coche para correr:

lo que separa un coche de otro es qué tan plano queda el asiento y qué tan pequeño se dobla. El sombrilla es el liviano de mangos de bastón; se reclina solo en parte, así que es para un niño que ya se sienta solo. Los compactos de viaje se doblan en un movimiento hasta quedar como una maleta de mano, y muchos se reclinan lo suficiente para un recién nacido. Los grandes traen asiento que suele voltearse hacia usted, canasta honda y a veces moisés, y muchos reciben con un adaptador la silla de bebé de las sillas para carro. Los de correr llevan llantas de aire y una rueda delantera que se traba derecha para trotar.

Qué coche sirve para un recién nacido y cuál lleva a dos:

los primeros meses el bebé tiene que ir acostado, en un moisés o en un asiento que se reclina del todo, con un arnés que pase por los hombros. El doble lado a lado lleva a los dos parejos pero se atasca en muchas puertas; el de tándem pasa por donde pasa uno sencillo, aunque al de atrás solo le deja ver un respaldo. Las ruedas de plástico duro son baratas y traquetean, las de espuma nunca se desinflan y las de aire son las más suaves y las únicas que se pinchan. Antes de trotar con el bebé, lea en el manual desde qué edad lo permite el fabricante. Para salidas cortas, un portabebés puede hacer parte del trabajo.

Compactos que salen por el Juan Santamaría:

para quien viaja a ver parientes afuera, el plegado lo es todo. Los compactos más pequeños caben en una bolsa que algunas aerolíneas dejan subir a la cabina; los más grandes se entregan en la puerta del avión, y después de unos cuantos viajes así son comunes los ejes torcidos y un seguro que ya no hace clic. Lo que entra en cabina cambia según la aerolínea, así que confírmelo antes de volar.

El coche sombrilla barato y el que conviene comprar usado:

un sombrilla nuevo cuesta alrededor de ₡30.000, mientras que un compacto o un coche grande que sirve desde recién nacido anda entre ₡170.000 y ₡250.000. Un sombrilla usado con las ruedas gastadas y una bisagra floja compite con uno nuevo que cuesta poco más, así que sale mejor como coche de repuesto para la casa de los abuelos. El caro es donde comprar usado rinde: el chasís aguanta de sobra a un hijo, y el precio depende de si el plegado sigue limpio y de si vienen el plástico de lluvia, el moisés y los adaptadores para la silla.

Un coche que pasó las lluvias doblado en la cochera:

lo muestra primero en la capota, sobre todo en un lugar húmedo como Coronado. Abra la capota y revise las costuras buscando puntitos negros, y huela el acolchado: el moho que llegó a la espuma no sale. Busque óxido en remaches, ejes y pedal del freno, y pruebe el freno en una pendiente. Dóblelo y ábralo usted mismo. Los dos seguros tienen que trabar solos, y un chasís que necesita un empujón para cerrar tiene un tubo torcido o una bisagra gastada. Empújelo derecho: no deben chillar los rodamientos ni bailar la rueda delantera. Los ultracompactos más buscados tienen copias muy parecidas, así que ubique en el chasís la etiqueta del fabricante con el modelo y la fecha de fabricación, que también sirve para averiguar si tuvo algún llamado a revisión. Un plástico de lluvia tieso o amarillento se raja en el primer aguacero.

Grabar el plegado antes de anunciar el coche:

un video corto de cómo se cierra y se abre contesta lo que alguien quiere saber antes de manejar hasta Escazú o Atenas. Fotografíelo abierto y doblado junto a una cajuela, y también la etiqueta. Ponga cada extra por aparte, porque el moisés, los adaptadores y la bolsa de viaje cambian lo que vale, y diga si ha viajado en avión y dónde se guardó. Quien ya tiene el vuelo comprado va a querer cerrarlo con una mano y verlo entrar en su bolsa antes de soltar la plata.